31 May 17

Llámalo Socialdemocracia

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Una de las señas de identidad de Ahora Plataforma ha sido su apelación directa a la socialdemocracia como referente ideológico. Esto ha supuesto una cierta sorpresa, tanto por la claridad de la definición en tiempos políticos de calculada ambigüedad y de desmarque de etiquetas, como por la imagen un tanto desfasada del término tras ser baqueteado durante muchos años.

Un reciente y muy interesante artículo de Carlos Sánchez en El Confidencial citaba a Kenneth Rogoff y Carmen Reinhard. El articulista se centraba en reflexionar sobre cómo un estado del bienestar más fuerte puede desactivar los nocivos populismos que crecen como malas hierbas en Europa y el resto del mundo occidental. Para ello pasa revista a varios de los temas que están en el temario de la acción política próxima y con los que nos la jugamos más a corto y medio que a largo plazo.

Sólo un estado del bienestar fuerte que responda a las necesidades de los ciudadanos puede ser un dique realmente eficaz contra las tentaciones populistas, que pueden tener efectos más devastadores de lo que a simple vista parece percibirse. No hay más inventos. Y el verdadero debate es cómo conseguir financiarlo en un entorno económico en el que el trabajo es cada vez más un bien escaso, la productividad no avanza de forma suficiente para competir con economías ya más emergidas que emergentes y el envejecimiento de la población no revierte.

El artículo cita dos conceptos contrapuestos. Por un lado, las falsas liberalizaciones, que definen fórmulas de protección social más conducentes a retrotraernos al pasado. Abogan por fórmulas de complementación salarial de sueldos bajos que no pueden pagar algunos servicios ahora ya conceptuados como mínimos. No todas estas iniciativas serán descartables, seguramente. Pero no pueden convertirse en el eje central de un sistema social que ha articulado y de alguna manera definido Europa en el siglo pasado. Y que sólo cabe conservar y mejorar.

Por otro lado, habla del concepto de flexiseguridad acuñada en países centrales de Europa y que se define como economía flexible digitalizada y protección social que dé seguridad a la población. Es necesario dimensionar el gasto público de forma adecuada con un esfuerzo superior al actual. Pero con recursos provenientes de un sistema productivo más capaz de generar valor añadido y no tanto del esfuerzo de las clases medias asalariadas, que ya aportan su esfuerzo correspondiente. Y sobre todo de conseguir un sistema fiscal eficiente. No sólo de abordar las bolsas de fraude ya consabidas, ni siquiera del gasto público inútil en la arquitectura administrativa de comunidades, diputaciones y ensoñaciones independentistas. Hablo de eficiencia y modernización en el gasto público de las partidas más sensibles y cuantiosas: sanidad y educación. En lugar de optar como única salida por las privatizaciones cabe ser más ambicioso trabajando de verdad por la eficiencia de lo público.

Las palabras se van desgastando y más si algunas se han ido vistiendo y trasvistiendo desde hace más de un siglo. Pero lo realmente importante es que nos entendamos con ellas. Si alguno sólo recuerda las connotaciones menos atrayentes al oírlas, puede sentir un amago de rechazo. Pero lo realmente útil es poder referirnos a la defensa de un estado de protección social ya tan interiorizado por nuestras sociedades que ni siquiera muchos de sus más feroces críticos estarían realmente dispuestos a renunciar a él. Llamémoslo como queramos para entendernos. Por ejemplo, socialdemocracia como siempre ¿Por qué no?

Gabriel López.

30 May 17

Tras el éxito de su presentación pública, Plataforma Ahora planea nuevos actos y su expansión territorial por toda España

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  • El acto de presentación, en el que se superó el aforo de 150 personas, inicialmente previsto, reclamó una izquierda cívica, universalista, igualitaria y progresista.
  •  En los próximos meses, Plataforma Ahora seguirá insistiendo en su idea de seguir sumando porque “la unión hace la fuerza”, contactará con nuevos colectivos y personalidades y ya planea nuevos actos en otras partes de España.


    El pasado sábado, tuvo lugar, en la Fundación Diario Madrid, el acto de presentación de Plataforma Ahora. Un evento que registró un gran éxito de participación, superando el aforo de 150 personas, inicialmente previsto.

    Tras el éxito de este primer evento, Plataforma Ahora ya planea nuevos actos en otras partes de España y prevé iniciar su expansión territorial.

    Su presentación contó con la participación, de manera directa e indirecta, de Fernando Savater, Félix Ovejero, Dolores Agenjo, Andrés Trapiello, David Ortega, Josep Lago, Luis de Velasco, Sevi Mora, Pepe Domingo y Andrés Aberasturi, entre otros. Intervenciones en las que se reclamó una izquierda cívica, universalista, igualitaria y progresista que dé cobijo a los millones de huérfanos políticos que hoy día existen en España y que condicione a los principales partidos políticos existentes.

De las intervenciones, textos leídos y vídeos emitidos, sobresalieron las ideas fuerza que desde Plataforma Ahora consideran indispensables defender: en España es necesario respaldar una izquierda cívica, universalista, laica, europeísta y progresista que abogue por la socialdemocracia y el Estado de Bienestar, trabaje por la regeneración de la democracia, luche contra la corrupción política, impulse las reformas pendientes y haga frente a los nacionalistas que quieren romper España. Un centro izquierdo moderno, razonable y sensato, contundente con los adversarios políticos, pero institucional y democrático, que defienda la igualdad frente a la identidad y se mantenga alejado a cualquier tentación populista.

Por todo esto, Plataforma Ahora insistirá en la idea de seguir sumando porque “la unión hace la fuerza”. Asimismo, está previsto, en las próximas semanas, contactar con nuevos colectivos y personalidades, a la vez que se planean nuevos actos y eventos en otras partes de España y se trabaja en su expansión territorial por todo el país.

En palabras de Gorka Maneiro, portavoz de Plataforma Ahora, “la presentación ha sido un día inolvidable que marca el inicio de un camino apasionante”. A lo que añade que “esto no ha hecho más que empezar. Estamos convencidos de que el inicio es prometedor y miles de personas miran ya con esperanza a nuestra Plataforma, dispuesta a romper el sectarismo y la endogamia de los partidos, trabajar por España y por los españoles y hacer posible, con su trabajo, una nueva izquierda que millones de ciudadanos echan de menos y reclaman”.

25 May 17

Contra la familia nacionalista, Ahora

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En su famoso libro de 1996, Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores, George Lakoff se empeña en demostrarnos que la pugna política en la arena estadounidense es deudora de dos marcos cognitivos bien determinados. Dichos marcos estructurarían dos grandes modelos morales (susceptibles de cuantiosas variaciones), que arraigan en el ciudadano irreflexivamente, haciéndolo deudor de un paisaje moral dibujado por metáforas a través de las que aprende a pensar. Bueno, ciñéndonos a la argumentación, más bien se diría que convierten al ciudadano en prisionero del paisaje moral dibujado por urdidores de metáforas que se encargan de pensar por él.

Nuestro pensamiento metafórico condiciona así, casi determina, nuestra concepción del mundo, nuestra interpretación de los objetos o hechos evaluados. Por consiguiente, constriñe, desde fuera, nuestros juicios morales. Si la realidad no nos cuadra antes la deformamos que rectificamos nuestra perspectiva. Por desembocar ya: en EEUU los modelos se confeccionan a partir de metáforas que, en última instancia, pivotan en torno al modelo del ‘Padre Estricto’ (el de los conservadores, que priorizan la disciplina, la obediencia, el castigo y el esfuerzo de los hijos) o bien alrededor del modelo de ‘Progenitor Atento’ (el de los liberales, más centrados en la compasión, el cariño, la reciprocidad y la persuasión). Y para transitar del juicio moral al político bastaría con echar mano de una última metáfora: “la nación como familia”. Mientras los conservadores piden al Gobierno atención al mérito y severidad con quienes no se han sabido hacer a sí mismos, los liberales tenderán a solicitar cuidados y servicios públicos.

Siendo esto tan sugerente, y tras advertir que los tópicos o prejuicios con que piensan muchos estadounidenses resultan extraños al ciudadano europeo, cabría preguntarse por su posible aplicación en la plaza pública española. Pues encalla uno a la primera: los modelos mencionados distan de ser extrapolables. No sólo en sus ramificaciones últimas (donde la fina atención contextual advertirá necesariamente diferencias) o en los trazos de los dos grandes modelos (según Lakoff, “el maltrato infantil es un gran problema en los Estados Unidos, como lo son también el descuido y el abandono de menores”). La argumentación empantana antes, en el elemento que lo engarza todo y que el autor eleva a universal: la metáfora de la nación como familia.

Se diría que peca de ambicioso. Puesto que una familia es un tipo de comunidad, no cabe duda de que alguna analogía habrá con la comunidad política. Pero ocurre con cualquier comunidad: desde el grupo de amigos (de ahí que se hable de philia o amistad política para describir la voluntad no declarada de vivir juntos), hasta el grupo de trabajo o la empresa (en términos empresariales se puede, por ejemplo, concebir al Estado como unidad productiva). Sin duda, toda comunidad acaba funcionando por confianza, por empatía y altruismo, por colaboración; y claro que esos lazos de confianza pueden tratar de trasladarse a lo propiamente político. Pero no es menos cierto que son vínculos que subyacen a toda relación ética (no sólo comunitaria, donde cobran más fuerza), que están a la base de toda interacción entre personas libres (no entre quienes quedan vinculados/sometidos por la dominación y el miedo), que nos acompañan desde la cuna hasta la tumba. Son tan primarias que ni siquiera son exclusivamente humanas, como demuestra, entre otros, el primatólogo Frans De Waal, Frans en La edad de la empatía.

No obstante, cuando tales lazos deben coincidir con los contornos de una comunidad política, es decir, cuando se trata de estrechar a los ciudadanos que componen la misma soberanía, los vínculos acaban volviéndose artificiales por necesidad: entre dos interlocutores desconocidos que se encuentran y conversan, pronto aflorará una confianza que ya germinaba de forma natural en cada uno de ellos hacia la común humanidad (basta recordar cuando, viajando, hemos sido ayudados por un extraño, respondiéndole entonces con la más sincera, agradecida, confiada y universal de las sonrisas); pero donde tal encuentro no se da (como un catalán que no conoce a un extremeño o como un catalán que nunca se ha topado con otro catalán) no habrá lugar para profundizar y estrechar naturalmente los lazos de confianza, que son lazos solidarios. Quedará por rellenar artificialmente el vínculo jurídico-político propio de la soberanía compartida.

Aquí se hace patente la necesidad tanto moral como política de la metáfora. El vacío lo empezó rellenando el nacionalismo que, como “religión civil”, pretendía religar a los dispares (y extraños entre sí) miembros de la comunidad política a quienes, hasta entonces, sólo unía su equiparada sumisión a un mismo soberano absoluto y desde entonces debía unir su equiparada dependencia respecto de sí mismos. Pero entonces, más que a una familia, aquello pretendía asemejarse a una parroquia. Y en todo caso era una floreciente comunidad política, o sea, de iguales pese a sus diferencias.

Con el tiempo, asumida la igualdad política, los métodos de asimilación nacionalistas empezaron a ser contemplados con gran recelo: vista retrospectivamente, tras Auschwitz y con unas instituciones democráticas mucho más desarrolladas y arraigadas que en el siglo XIX, la construcción nacional explícita camina en dirección contraria al desarrollo de nuestras libertades: el juego de expectativas recíprocas con que nos integramos socialmente no es un fin en sí mismo sino el paisaje, el medio moral en que nos movemos y la condición de posibilidad de la libertad de cada cual. Un niño empieza interiorizando, irreflexivamente, las normas de la comunidad; pero sólo se lo considera responsable (jurídica y moralmente) porque, a cierta edad, se espera de él que sepa interiorizar los principios que sostienen dichas normas y las siga por convicción. E incluso se aceptará que intente reformarlas, pero desde la fidelidad a su propio fundamento. Esto es lo propio del sujeto reflexivo. Es la autonomía moral que nos hace dignos. Y si es cierto que sólo se alcanza la autonomía dentro de la sociedad no es menos cierto que no aflorará nunca donde el individuo sea incapaz de romper en algún momento con las rígidas expectativas comunitarias para abrirse a la reflexión respecto de la tradición y demás bagajes de los que somos acreedores, a veces con cierto pesar. ¿Si todos somos iguales, cómo es posible que las mujeres queden excluidas de la vida pública? ¿Si somos iguales, por qué permitimos que los hijos de nuestros conciudadanos nazcan sin oportunidades? ¿Y, si somos iguales, por qué un inmigrante que reside, y paga aquí sus impuestos, no goza de los mismos derechos civiles y sociales –o incluso políticos-? Esta lógica reflexiva conduce inexorablemente a la inclusión: condujo el desarrollo desde la incipiente democracia hacia la extensión de derechos políticos, civiles y sociales. Nos ha permitido erigir nuestros actuales Estados Sociales de Derecho, removiendo las peores herencias de la tradición en la que cada generación fue creciendo… modificándola, a su vez.

En democracia, el apego responsable y reflexivo a los principios que sustentan la vida en común es lo que hoy se conoce como “patriotismo constitucional”. Se trata de un intento de vincular la identidad política que en buena medida comparten los miembros de una comunidad soberana, socializados por las mismas instituciones, con la defensa cerrada de las libertades individuales y del Estado de Derecho que las encarna y garantiza. Los conciudadanos arrastran siglos de convivencia y han aprendido a compartir no sólo una lengua política (en la mayoría de los países, salvo excepciones funcionales como Suiza; y otras disfuncionales, como Bélgica), sino sobre todo una ley política (Constitución) que estructura su organización social y canaliza los conflictos en términos de reforma (pacíficos) y no de revolución. Nuestra lengua política es el español; la Constitución que mayor tiempo de paz social nos ha traído, la del 78.

Pues bien, la metáfora de la nación como familia, al naturalizar los vínculos y requerir siempre la exclusión, se desentiende de todo este proceso jurídico civilizador, inclusivo, integrador. Y quizás por eso no es una metáfora que haya calado demasiado en España ni en la Unión Europea. Bien sea porque a un demócrata le exigimos sobreponerse al marco que sesga sus juicios para poder de verdad interesarse por lo común; bien sea porque nos sirve de argamasa social otra metáfora, la del pacto social.

Sin embargo, sí hay una familia política, muy reconocible en nuestro país, que renta con creces la metáfora de la nación como familia. Se trata de los nacionalistas, a quienes el progreso político y social coge a contrapié: prefieren levantar insolidarias y poco prometedoras fronteras antes que destruirlas en nombre de una integración política, de la igualdad política, en fin, de la democracia. Donde más reconocible es el modelo orgánico de la familia (que adjudica roles o funciones sistémicas) es en un modelo político que apela a una historia remota, cuando no a las esencias o a los genes, que excluye al diferente y que, hablando de metáforas, hizo del Presidente Pujol el padre de la patria (‘pal de paller’, el palo que, como eje, sostiene el pajar). Vuelta al XIX, la metáfora de la nación como familia sirve hoy no tanto para modular una u otra perspectiva moral y política, sino para justificar esencialmente el derecho de una nueva comunidad política a existir como núcleo independiente y, por tanto, a romper, sin justificación democrática posible, con los vínculos que la atan a la comunidad política original.

Aquí la metáfora tramposa, claro, es la del divorcio entre España y Cataluña. Tramposa no sólo como lo es toda metáfora, tan capaz de ayudarnos a pensar como de anular nuestro juicio y pensar por nosotros; tan dispuesta a ampliar nuestro bagaje experiencial sobre un objeto del mundo como de ocultarnos su esencia tras capas de definiciones concebidas para una realidad distinta. Como dejara escrito Ortega y Gasset en La deshumanización del arte, “sólo la metáfora nos facilita la evasión y crea entre la cosas reales arrecifes imaginarios, florecimiento de islas ingrávidas. Es verdaderamente extraña la existencia en el hombre de esta actitud mental que consiste en suplantar una cosa por otra, no tanto por afán de llegar a ésta como por el empeño de rehuir aquélla. La metáfora escamotea un objeto enmascarándolo con otro, y no tendría sentido si no viéramos bajo ella un instinto que induce al hombre a evitar realidades”.

Tramposa, además, porque, si de divorcio se trata, no hay separación jurídica que borre los hijos, los vínculos naturales, que se hayan podido crear; y no es cosa de dividir alícuotamente a los hermanos entre papá y mamá. Nacidos los hijos, no sólo perdurarán los lazos biológicos y aquellos que las experiencias compartidas hayan tejido hasta el divorcio; perdurarán las responsabilidades morales y, por ende, las jurídicas: la manutención hasta cierta edad; la transmisión de la parte legítima de la herencia, de por vida. En fin, existe entre familiares (y también entre conciudadanos) una responsabilidad que nunca cesará por las potencialidades que el otro dejó de desarrollar al planificar conmigo una buena etapa de su vida. Cuando el mercantilismo promovió el textil o el puerto barcelonés con subvenciones y aranceles, dejó por fuerza de potenciar otras zonas, a las que además se obligó a comprar más caro el textil catalán de lo que les costaría importarlo en condiciones de libre mercado. Y así con tantas y tantas decisiones políticas y económicas en cada rincón de lo que ha sido un Estado durante tantos siglos. Ahora piensen ustedes en el divorcio.

Concebida la familia como una comunidad solidaria donde cada uno responde, con su patrimonio, por las deudas de todos los demás (como preveía el Derecho Romano), quizás afinemos más en describir una comunidad política. Por ejemplo, alguien debe pagar la deuda pública: si los menos productivos no pueden, deberán hacerlo los de mayor suerte; pero si no lo hacen las rentas del capital, lo harán las del trabajo; y si los ricos se marchan, dejarán la negra herencia a los más pobres. En tal sentido, la soberanía no es más que la unidad político-jurídica de decisión, de las decisiones que toma cada uno para que vinculen por igual a todos. Acotada la unidad decisoria en auténticos términos solidarios, costará justificar que el miembro que se ha hecho más rico de la comunidad (pero gracias a ella, pues ésta le brindó paz social, seguridad jurídica, infraestructuras, mercado de trabajo y de capitales, demanda para sus productos, etc.) decida romper con todos y llevarse para su disfrute único un botín que era de todos. No hay ruptura más injusta de las reglas del juego.

No hay dos partes que puedan divorciarse si estamos hablando de una sola soberanía. E igual de tramposos son quienes hoy hablan de choque de trenes. ¿Acaso hay algo análogo a dos locomotoras? ¿Con qué locomotora va a enfrentarse el Estado si ejecuta la ley ante los actos sediciosos de Forcadell, Mas o Puigdemont?

Por ir concluyendo. Quitando algunas metáforas nocivas, como las mencionadas, no sé qué metáforas vertebran nuestra arena; y, lo más importante, no sé qué metáforas deberían vertebrarla para encaminar la pugna política hacia objetivos auténticamente loables. Es decir, hacia el interés general frente a la rancia y egoísta mirada de la familia nacionalista que amenaza, con su perpetuo chantaje, la igualdad política de los españoles: el chantaje de la secesión catalana que el Gobierno pretende apagar con más inversiones pero no con buenos argumentos y contundencia política; o el chantaje del PNV a Rajoy, aceptado sin rechistar por PP y Ciudadanos, para sacar adelante los presupuestos a costa de aumentar todavía más el Cupo vasco (gracias al cual un vasco ya disponía del doble de financiación per cápita que el resto de los españoles). Y mejor no hablemos del Podemos, que defiende el cupo como un derecho; o del PSOE, que, en nombre de la plurinacionalidad y olvidando la igualdad, abre el pasillo a las comunidades más ricas para cobrar por falsos agravios. Tanto el nacionalismo como la dócil sumisión del Gobierno central, y del resto de partidos, contribuyen así a la deslegitimación de nuestra democracia; pues nuestros lazos solidarios (el suelo democrático) sólo pueden perdurar si se equilibra la financiación, si no hay agravios fiscales, si se compensan las inversiones en infraestructuras productivas que contrarresten la desertización y el envejecimiento de buena parte de España en favor de Madrid y los cuatro polos nacionalistas que maman porque lloran y, en fin, si se universalizan en serio las prestaciones públicas. De lo contrario estallarán las costuras políticas. Ya lo están haciendo.

Sólo gracias a ciertas cotas de igualdad política y social percibimos que un proyecto colectivo es justo; y sólo así, a medio plazo, podrá quedar legitimado (aceptado) el poder político al que nos someternos. Por la igualdad vela la tradición republicana. La igualdad es lo que ha defendido siempre cualquier izquierda reconocible. Por la defensa de la igualdad ha nacido la Plataforma Ahora que este sábado se presenta en Madrid. Por eso tiene mi voto de confianza. Ojalá dé con las metáforas que nos guíen y destruya las que nos encanallan. Ésa es Ahora la labor política más acuciante.

 

Mikel Arteta

24 May 17

Savater, Ovejero, Andrés Aberasturi, la Plataforma por la Federación Socialista en Cataluña, Sevi Mora, Dolores Agenjo y la Plataforma por la Honestidad apoyan el acto de Plataforma Ahora

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  • El evento se presenta bajo el lema ‘Ahora, contigo’ y tendrá lugar el sábado, 27 de mayo, a las 12 del mediodía, en la Fundación Diario Madrid, situada en la calle Larra, 14, de la capital.

 

  • El acto contará con la participación directa de Recortes Cero, Dolores Agenjo, David Ortega y miembros de Ahora.

 

  • Igualmente, personas como Andrés Trapiello, Pepe Domingo, Gonzalo Sichar y Luis de Velasco han confirmado su presencia al acto y se espera que en estos últimos días sean más personas relevantes las que se sumen.

 

  • Maneiro destaca que “queremos responder a las demandas de millones de huérfanos políticos y sumar fuerzas y apoyos para defender las ideas de socialdemocracia, la igualdad y unidad de España”, ya que “actualmente no hay ningún partido de centro izquierda que defienda estas ideas”.

 

Madrid, 24 de mayo de 2017– A pocos días del gran acto de presentación que llevará a cabo la Plataforma Ahora, las sensaciones son “muy positivas”, ya que han sido muchas las asociaciones y personas relevantes que han manifestado su compromiso para participar, tanto de forma directa como de manera indirecta, en el acto que tendrá lugar el sábado, 27 de mayo, a las 12 del mediodía, en la Fundación Diario Madrid, ubicada en la calle Larra, 14, de la capital.

En este sentido, hay que destacar que la Plataforma por la Federación Socialista en Cataluña, Fernando Savater, Félix Ovejero, Andrés Aberasturi, Sevi Mora, la Plataforma por la Honestidad y la Asociación Transparencia se suman, con su apoyo, a la presentación de la Plataforma. El acto, además, contará con la participación directa de Recortes Cero, Dolores Agenjo, David Ortega y los portavoces de Ahora, Gorka Maneiro y Guillermo del Valle.

Por otra parte, el evento contará con la presencia de Andrés Trapiello y Pepe Domingo, de Sociedad Civil Catalana, Gonzalo Sichar, portavoz de Cs en el Ayuntamiento de Málaga y Luis de Velasco.

Asimismo, como el periodista Andrés Aberasturi y el corresponsal de TVE Miguel Ángel Idígoras no pueden asistir de manera presencial al acto, han enviado vídeos de apoyo que se proyectarán durante el transcurso de la presentación. Igual se hará dando voz a unos textos remitidos por Fernando Savater y Félix Ovejero. Al hilo de esto, se espera que en estos últimos días confirmen su presencia o apoyo otras personas relevantes.

El acto, que dará comienzo a las 12 del mediodía, será el primero de una ronda de presentaciones que la Plataforma va a desarrollar por todo el país, con el objetivo de demandar un centro izquierda cívico que reivindique la socialdemocracia, la igualdad ciudadana y una defensa de la unidad de España frente a los nacionalistas que quieren romperla.

Por todo esto, el portavoz de Ahora, Gorka Maneiro explica que “queremos responder a las demandas de millones de huérfanos políticos y sumar fuerzas y apoyos para defender las ideas de la socialdemocracia, la igualdad, la regeneración y la unidad de España”. En esta línea, recuerda que “no hay un partido de centro izquierda que defienda la igualdad y la unidad de España”. Por lo que hace un llamamiento a “todos los ciudadanos libres a acudir a la presentación pública de Plataforma Ahora”.

En los próximos meses, está previsto organizar nuevos actos en otras partes de España, ya que, tal y como asegura Maneiro, “esto no ha hecho más que empezar. Nuestro objetivo es dar lo mejor de nosotros mismos en beneficio de España y de los españoles”.

Para concluir, el portavoz de Plataforma Ahora agradece “el apoyo de plataformas, colectivos, asociaciones y personalidades de tan extraordinaria relevancia que nos van a acompañar, así como a todos los ciudadanos que van a estar el sábado con nosotros”. A lo que añade que “va a ser un día muy importante e inolvidable en el que vamos a contar con sorpresas”.

Una vez finalizado el acto, se ha organizado una comida para seguir compartiendo ideas, de una forma más coloquial, a la que puede apuntarse quien lo desee escribiendo un mail a: info@ahoraplataforma.es

 

23 May 17

Las no primarias del PSOE

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El Partido Socialista no ha celebrado sus primarias. Los militantes del PSOE no han elegido qué modelo de partido quieren. Tampoco han podido contraponer estrategias sobre cómo recuperar el papel que le corresponde (o debería corresponder) en la escena política española.

Solo al final de la campaña, en un breve intento de captar apoyos, algunos candidatos lanzaron propuestas electoralistas, como si de la elección del presidente del Gobierno se tratara, confundiendo a militantes con electores.

Independientemente de la victoria conseguida por Pedro Sánchez y de cómo vaya a afectar ésto a la vida parlamentaria en España, hay un hecho especialmente preocupante para la socialdemocracia española: el PSOE (y con ello, sus candidatos) se ha abstenido en sus propias primarias.

¿Por qué digo esto? Porque el PSOE ha decidido renunciar a sus propias primarias y ha entregado toda su proyección mediática a sus dos mayores rivales: PP y Podemos. Han puesto a sus militantes ante la tesitura de elegir entre azul y morado, ofreciéndoles dos opciones, pero en la que ninguna tenía el rojo socialista.

Si yo fuese Mariano Rajoy o Pablo Iglesias, estaría encantando de tener un rival como el PSOE, que lejos de intentar reivindicarse como la alternativa en el centro izquierda y tratar de recuperarse para ejercer de guía en la recuperación de las políticas socialdemócratas en España, ha decidido que el eje de su debate debía girar entorno al conservadurismo y el populismo.

Lamentablemente, renunciar a reivindicarte supone que otros lo harán en tu lugar y que, mientras tú te lames las heridas esperando a que pase el dolor, otros están aprovechándose para ocupar ese espacio que has renunciando a defender. También, lamentablemente, el PSOE se encamina, de manera inexorable, a seguir los pasos que han dado sus homólogos en Francia, Alemania o Reino Unido. En nuestro caso, porque ésta renuncia del PSOE a votarse a sí mismo, se suma a la que hizo hace tiempo de defender la igualdad de derechos y de oportunidades de todos los españoles.

Así, en unas futuras elecciones, el PP solo tendrá que agitar la bandera del temor al populismo para movilizar a aquellas personas que, aunque hastiadas del paro, la precariedad, la corrupción y la negación de un futuro mejor, prefieran lo malo conocido.

Por este motivo, aquellos que firmemente creemos en la necesidad de una socialdemocracia moderna representada en una izquierda cívica, defensora de la ciudadanía común, de la libertad individual y basada en los pilares de la solidaridad, debemos estar preparados para dar la cara y ponernos en primera fila para defender las ideas que nos han llevado a las mejores épocas de desarrollo y bienestar.

Porque si otros han decidido renunciar, ahora, nosotros decidimos dar el paso.

22 May 17

El felipismo es el pecado original de la democracia española.

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Acelera el verbo cuando se trata de hincar el diente a las miserias de la política o la felonía del independentismo catalán, y lo modera cuando se le inquiere por el incendio en el PSOE o los estropicios de Urdangarin. Andaluz de nacimiento, catalán de raíces y madrileño de adopción desde su infancia, Enrique Gimbernat (Sevilla, 1938) se ha consagrado como una eminencia en Derecho Penal. “Me decidí por esta especialidad porque es la que tiene más contacto con el ser humano”, subraya. Devoto de Freud y de Bertrand Russell -de quien conserva una carta manuscrita que le envió en 1957-, se define como “socialdemócrata, ateo y pacifista, un socialista liberal, como Russell”. Es catedrático emérito de Derecho penal de la Universidad Complutense de Madrid y acaba de publicar El comportamiento alternativo conforme a Derecho. De la causalidad a la imputación objetiva (Editorial BdeF), que contiene una amplia autosemblanza de su trayectoria vital y profesional. Jorge de Esteban, presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO, destaca de su colega su “compromiso político intelectual”. Gimbernat asiente: “Me identifico con esa definición porque nunca me han interesado los cargos”. Su vida ha virado por otros derroteros. Los de la ciencia, la investigación y la profundidad de pensamiento.

La reforma de la Justicia es una promesa recurrente por parte de los grandes partidos en nuestro país. ¿Será posible algún día?
Lo primero es conseguir que la Justicia sea totalmente independiente, en el sentido de que no fuera como hasta ahora, que los grandes partidos deciden la composición de los grandes tribunales. En 1985 se inició una reforma del PSOE y, desde entonces, los miembros del Consejo General del Poder Judicial son elegidos por los partidos. La Justicia está politizada y no hay la separación de poderes que debería haber en un Estado democrático de Derecho.
Pero si la Justicia está politizada y la reforma de la misma depende de los partidos, estamos abocados a perpetuar el sistema.
El PP dijo que cuando llegara al poder iba a cambiar el sistema para elegir a los jueces, pero no sólo no lo ha cambiado sino que lo ha empeorado.
Pese al año de bloqueo y el auge de los nuevos partidos, el ciudadano sigue viendo que PP y PSOE se intercambian los jueces como si fueran cromos.
La aparición de Podemos, en gran parte, obedece a lo que instaura el PSOE en 1982. Ahí se sitúa el pecado original de la democracia española. La corrupción, la prevaricación, los GAL, las injerencias en la Justicia. Eso es lo que marca el sendero que luego ha seguido el PP y se ha instaurado como algo casi consustancial al régimen político español. Eso es lo que lleva a la aparición de partidos como Podemos, que en la crítica llevan razón, lo cual no quiere decir que la tengan en sus soluciones.
¿Qué tipo de mecanismos deberían operar para extirpar esos problemas que se arrastran?
Hasta ahora los delitos relacionados con la corrupción salían prácticamente gratis. Ahora no. Ahora tienen un precio y, además, alto.
Rajoy dice que la legislatura entre 2011 y 2015 ha sido en la que más medidas se han aprobado para combatir la corrupción. Pero es evidente que no ha podido erradicarse, entre otras cosas, porque es probable que ninguna ley pueda conseguirlo en la medida que afecta a la concepción de la ética pública.
Y la ética política, en gran parte, se refuerza con el Derecho Penal. Quien infringe la ética política y las leyes penales debe recibir su castigo. Eso eleva el listón. Los políticos ven cómo los corruptos van a la cárcel y ello aumenta el rechazo de la opinión pública.
¿Cómo valora la sentencia del ‘caso Nóos’?
No la he leído, pero en lo sustancial puedo decir que la única prueba que es válida es la que se practica en el juicio oral. Aquí, objetivamente, sí había cooperación necesaria de la Infanta hacia los delitos de su marido. Pero el conocimiento solo se puede demostrar en el juicio oral. Las magistradas han pensado que ella era inocente y no sabía nada de los negocios de su marido. No puedo decir si está bien o no la sentencia.
El fallo del caso Nóos deja en tres párrafos la absolución de la Infanta Cristina alegando que desconocía el origen del dinero. ¿Esta sentencia ha erosionado aún más el crédito de la Justicia?
Algo sí que la ha erosionado. Pero estoy convencido de que no hay una Justicia para ricos y otra para pobres. Según leí en la prensa, se pagaba dinero por informes o dictámenes inexistentes o que eran una mera copia, pero las empresas no lo han denunciado. Por consiguiente, esa otra parte de la fortuna de Urdangarin, que habría supuesto una administración desleal, no ha sido sometida a juicio.
Usted que conoce bien Alemania, ¿cómo calificaría la aportación de este país a la construcción europea, especialmente, a raíz del declive de la UE?
Es un papel bastante importante. Es la primera potencia industrial europea y son disciplinados. Pero tal vez la ampliación de la UE, especialmente al Este, no haya sido tan positiva Son países con una mentalidad en parte reaccionaria y con un pasado aún reciente de la dictadura comunista.
Tras emigrar a Hamburgo, cuenta en su libro, de reciente aparición, que tuvo noticia por primera vez del genocidio nazi entrando en un cine para ver un documental sobre el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. ¿Cómo fue?
En España no se hablaba del Holocausto, y tanto el Gobierno como la prensa eran germanófilas y se ocultaban los crímenes nazis igual que se ocultó la represión franquista después de la Guerra Civil. Me impactó conocer el genocidio de judíos, gitanos y homosexuales. En la sociedad alemana se hablaba del nazismo con normalidad, pero en las casas era un tabú.
¿Le fascinaron Willy Brandt y Helmut Schmidt?
Aquello era la socialdemocracia de verdad, de Brandt, de Olof Palme y de Clement Attlee, odiado por el franquismo, pero que es quien revoluciona el Estado del Bienestar en Inglaterra. Ese era el socialismo que a mí me gustaba, no el de Carlos Andrés Pérez. Los líderes del SPD me impresionaron por sus ideas, su formación y su facilidad de palabra.
¿Estuvo vigilado por la Stasi?
Sí, porque intervine en la defensa de un disidente comunista de la Alemania Oriental, y de ahí que cuando se desclasifican los papeles de la Stasi, los servicios de espionaje de la República Democrática Alemana (RDA), aparece el Expediente Gimbernat. Armé un gran revuelo. Incluso los jefes de la Stasi llegaron a preguntar a Honecker [ex jefe del Estado de la RDA], si me tenían o no que detener. En aquel momento, las cámaras de televisión estaban pendientes de aquel proceso. En la primera sesión del juicio no me dejaron acceder al tribunal, más adelante me prohibieron la entrada al Berlín Oriental y, cuando quise desplazarme para ir al entierro de mi defendido, me vetaron el paso a la RDA. Pero nunca me llegaron a detener.
¿Cómo era la universidad del franquismo?
Mucho mejor que la de ahora. No existía la endogamia. Muñoz Molina explica en Todo lo que era sólido que la corrupción no sólo afecta a la política. El mérito y la capacidad ya no tienen tanta importancia, y lo que funciona es el amiguismo. La universidad española está ahora mismo absolutamente hundida por la endogamia. Ya no hay oposiciones nacionales públicas, como sí existen para magistrados o para abogados del Estado. Cada departamento mete a los profesores de su cuerda, pero no hay una competición a nivel nacional entre todos los penalistas. Por otra parte, Bolonia ha sido un desastre. Para mí el profesor universitario, como decía Humboldt, tiene que dedicarse a investigar y enseñar. En la docencia debe transmitir aquello que ha investigado. Si no investiga se limitará a repetir un manual, y para eso no hace falta un profesor. Ahora Derecho se estudia en cuatro años, y hay que explicar la estafa, el robo y el hurto en una sola clase. Se hacen clases taquigráficas y, además, han aumentado las tareas burocráticas.
¿La Ley de Reforma Universitaria de Maravall (1983) cambió la ciencia por la endogamia?
Así fue, y así sigue siendo. Muchos parlamentarios son profesores universitarios y, claro, tienen sus intereses. Ocurría con el PSOE y ocurre con el PP. La ciencia exige ocho horas de trabajo. Si no, no se puede estar al día. Si uno está tanto tiempo sin hacer ciencia, entonces lo que explica a sus alumnos no es ciencia, es historia de la ciencia. En España no damos un premio Nobel desde Ramón y Cajal porque Severo Ochoa es de EEUU. Y no es porque seamos más pobres, es que nuestra universidad no funciona. Es una vergüenza que no se pongan de acuerdo en una cuestión que es de Estado.
¿Existe un tapón generacional, ya sea en la universidad o en la política y en la empresa, que impide la regeneración?
En la universidad, sí. Me apenan los jóvenes penalistas porque tienen un futuro muy incierto.
¿Qué han aportado Freud y el psicoanálisis al Derecho Penal?
He tratado de explicar a lo largo de mi trayectoria cuál es el mecanismo de la pena en función del psicoanálisis y cómo se forman los impulsos morales. Los niños, como diría Freud, son seres polimorfos perversos. Pero desde pequeños, mediante prohibiciones, se le impide hacer lo que les apetece porque encuentran el castigo. Así va naciendo la moral. A nivel colectivo, la amenaza del castigo introyecta lo que se debe hacer o no. Por eso cuando hay un terremoto o una emergencia, aumentan los delitos: existe la sensación de que no van a ser castigados. Y el Derecho Penal se ocupa de tipificar los comportamientos más graves que hay en la sociedad. Esto ayuda a conformar una moral colectiva, que es la función que en un ámbito individual cumplen los padres con el niño. El Derecho Penal afianza la moral social.
¿Está a favor de la memoria histórica?
Estoy a favor de rescatar los cadáveres de los desaparecidos y darles sepultura. En ese sentido, estoy a favor de la Ley de Memoria Histórica, aunque también de superar el conflicto por la guerra. En todo caso, hay que tener claro que cada país tiene su historia. La nuestra es la Guerra Civil, y eso está marcando la democracia española. Seguimos en el guerracivilismo. Los del PSOE llaman fachas a los del PP y éstos llaman rojos a aquéllos. Esto por ahí afuera no pasa. Y el guerracivilismo no se supera con ninguna ley.
Su familia procede de Cataluña. ¿La solución para el desafío independentista es aplicar el artículo 155 de la Constitución?
Es respetar y aplicar la ley. La gran conquista occidental es el Estado social y democrático de Derecho, y se caracteriza por el imperio de la ley, y la ley la interpretan los tribunales. Hemos visto cómo unos jueces americanos revocan unas órdenes ejecutivas del presidente de EEUU. Eso hay que respetarlo. Es un disparate y una aberración jurídica hablar del derecho a decidir. Para que exista tal debería estar recogido en alguna norma internacional. El Derecho debe estar recogido objetivamente en alguna norma.
Pero, ¿cómo aplica el Estado el 155? Porque lo que arguyen los dirigentes secesionistas es que ese artículo no tiene un desarrollo legislativo.
Por ejemplo, asumiendo las competencias de la Consejería de Interior del Gobierno catalán, es decir, de los Mossos. Una cosa son los políticos y otra los funcionarios, que tienen que pagar la hipoteca a final de mes. Si no obedecieran, se expondrían a un procedimiento penal y correrían el riesgo de perder su empleo. Tal vez se debería haber aplicado en la consulta de 2014. En el PP no pensaron que las cosas iban a llegar tan lejos. Rajoy dijo que esto era un lío. No era consciente de lo que se venía encima.
¿Qué salida le queda al PSOE?
El debate se ha enconado demasiado, pero el PSOE sigue siendo un actor fundamental en la democracia española. Sobre todo, cuando uno ve la izquierda que representa Podemos. Esta izquierda ha ido contra la casta, pero tiene un origen populista y chavista. Han estado allí y les han pagado allí. Se necesita que haya un partido socialdemócrata potente.
¿Se está solapando en Europa la amenaza del fascismo con el populismo?
Le Pen y Wilders son fascistas y populistas. Las dos cosas. Pero hay un rasgo común en todos los populismos que recorren Europa: la crisis económica. En España no porque el PP abarca desde el centro liberal hasta la extrema derecha.
¿La ‘Ley Mordaza’ se ha llevado por delante las garantías y precauciones que amparaban el derecho de manifestación?
Sí. Hay que derogarla porque cuando hay manifestaciones o faltas al respeto a la autoridad, ahora es la Administración la que impone sanciones. Hay que volver al Libro III del Código Penal para que sean los jueces, con todas las garantías, quienes decidan sobre si las faltas constituyen o no una conducta ilícita.

Fuente: http://www.elmundo.es/opinion/2017/04/08/58e7c81e22601d04208b4638.html

20 May 17

El resacón

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Una ciudadanía común que alberga todas las identidades: ¡eso es España! A ver si logra convencerles.

Tras la festiva entrega etarra de armas en Bayona, euskoequivalente del “¡puños fuera!” del inolvidable Mazinger Z, se han producido efectos dispépticos imprevistos. El New York Times se despacha con un editorial según el cual los vascos, cuyas cultura y lengua fueron maltratadas por Franco, han luchado desde entonces con las armas por la independencia. El NYT no menciona los 40 años de democracia, la autonomía vasca y el casi ininterrumpido gobierno del PNV durante todo este tiempo: se limita a decir que los insurgentes tuvieron finalmente por fuerza mayor que deponer sus armas —nunca se los califica de terroristas—, pero advierte que si Madrid sigue empeñado en que la Constitución niega el derecho de secesión unilateral (¡un capricho madrileño!) y limita los derechos políticos del martirizado Otegi, las hostilidades pueden reanudarse. Y preocupado por lo mismo está Jonathan Powell, uno de nuestros “artesanos de la paz” con más trienios, que califica de “locura” la reacción hosca del Gobierno de Rajoy ante el desarme (por lo visto esperaba fuegos artificiales en La Moncloa) y recuerda a John Carlin una palabra española intraducible (según él) y olvidada: “crispación”. Sin vergüenza.

Tras el Aberri Eguna también hubo sorpresas. Ortuzar pide una cosoberanía como la propuesta a Gibraltar, que en el caso vasco supongo que sería hispano-francesa en vez de hispano-británica: pues no veo las ventajas sobre lo existente. Mejor estuvo Nagua Alba, líder vasca de Podemos, en un diálogo con Bernardo Atxaga sobre la idea de patria. Alba dijo que es la ciudadanía la que construye la patria, que debe ser “abierta”. Y añadió: “La patria es plural y diversa, no se limita a una identidad nacional sino que las incluye a todas”. ¡Bravo! Una ciudadanía común que alberga todas las identidades: ¡eso es España! A ver si logra convencerles…

Autor: Fernando Savater

Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/04/21/opinion/1492782430_223216.html

19 May 17

Presentacion Ahora Plataforma

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Presentacion Pública Ahora Plataforma

Nos complace anunciar que el proximo día 27 de mayo, la Plataforma Ahora se presentará a la sociedad con un acto al que toda la sociedad civil está invitada,siendo nuestro slogan “Ahora Contigo” .

Dicho acto tendra lugar en la Fundación Diarío Madrid, situada en la calle Larra, 14 de Madrid a las 12 horas (metro:Bilbao).

Tras su finalización, realizaremos una comida en un restaurante cercano a la fundación, con un precio de 25 euros por persona, 5 de los cuales serán donativo para nuestra Plataforma. Aquel que esté interesado en acudir podra hacerlo, reservando previamente escríbiendo un correo a  info@ahoraplataforma.es con el asunto “comida día 27” .
Os esperamos en este momento tan importante para nosotros, que será el inicio de un camino largo pero ilusionante.

Aprovechamos para recordar que podeis seguirnos tanto en Facebook como en Twitter.

#ahoracontigo

19 May 17

Ahora Plataforma denuncia el veto político del Ayuntamiento de Madrid a su presentación pública

comunicacion

 

  • Ahora Plataforma ya tiene nueva ubicación para su presentación, será en la Fundación Diario Madrid, calle Larra, 14, y celebrará el acto, bajo el lema ‘Ahora, contigo’, “le pese a quien le pese”

 

  • El acto tiene como objetivo “sumar y ayudar a construir una izquierda cívica en España para contribuir a resolver los problemas fundamentales que tienen a día de hoy los ciudadanos”.

 

  • Al finalizar el acto, se celebrará una comida solidaria a la que puede asistir quien lo desee, enviando un mail a info@ahoraplataforma.es

 

Madrid, 19 de mayo de 2017– Ahora Plataforma ha hecho público su malestar tras la negativa del Ayuntamiento de Madrid a ceder el centro cultural Fernando Lázaro Carreter, solicitado para la presentación de la plataforma a la ciudadanía. Una decisión que se considera un “veto político”, ya que, desde la plataforma se contaba con el visto bueno de los técnicos, por lo que todo indica que “ha sido la concejala del ramo quien ha rechazado en el último momento la concesión del espacio solicitado”. Una actitud que Gorka Maneiro, portavoz de Plataforma Ahora, califica como “vergonzosa”. En esta línea, desde Plataforma Ahora se incide en que “la decisión, a todas luces política, del Ayuntamiento de Madrid, nos parece gravísima”, ya que “no tienen problemas en dar voz a los que están embarcados en un golpe de estado contra la mayoría de los ciudadanos catalanes, pero sí a una plataforma ciudadana para presentarse a la ciudadanía y presentar sus propuestas”. Al hilo de esto, reiteran que “nos parece vergonzoso, pero no van a lograr callarnos”.

En este sentido, Plataforma Ahora ha trasladado su presentación a la Fundación Diario Madrid, ubicada en la calle Larra, 14, de la capital, el día 27 de mayo a las 12 horas.

Un acto para el que ya han confirmado su presencia un gran número de ciudadanos y algunos de los primeros firmantes del manifiesto fundacional. Y es que Plataforma Ahora cuenta con apoyos tan importantes como Fernando Savater, Carolina Punset, Andrés Aberasturi, José Vicente Mora, Félix Ovejero, José Domingo, Josep Lago, Mikel Arteta, Andrés Trapiello, Juan Antonio Cordero, Ramón de España, Manuel Montero, Aurelio Arteta, Javier Tajadura, Gonzalo Sichar, Miguel Ángel Idígoras, Patricia García y Fernando Landecho, entre otros.

Desde la Plataforma se ha hecho un llamamiento a la ciudadanía para que “apoye con su presencia” este evento en el que Ahora va a presentar sus propuestas, con el objetivo de “sumar y ayudar a construir una izquierda cívica en España, ahora que parte de la izquierda oficial española abraza la identidad y la otra el populismo”

El evento contará con las intervenciones de Gorka Maneiro y Guillermo del Valle, portavoz y portavoz adjunto de la plataforma, así como de otras personas que apoyan este proyecto.

Una vez finalizado, está previsto realizar una comida solidaria, en un restaurante cercano, con un precio de 25 euros por persona, 5 de los cuales serán donativo para las próximas acciones que desarrolle la plataforma. Todos aquellos que deseen asistir a la comida deberán enviar un mail a: info@ahoraplataforma.es

Igualmente, la asistencia al acto es libre y desde Plataforma Ahora esperan “contar con el máximo de personas posibles”. Y es que, “aunque el Ayuntamiento de Madrid, el ‘Ayuntamiento de La Gente’, no nos deje un espacio público para presentar nuestras propuestas, no nos va a callar”.

19 May 17

Federalismo emocional

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España tiene un déficit de símbolos pero nunca es tarde para reforzar vínculos sentimentales

La escasa penetración popular del federalismo en España, tras décadas de enconados debates territoriales, dice mucho de su débil fuerza propagandística frente a la enorme carga emocional de los nacionalismos. El discurso federal aparece demasiado frío, racionalista, un sesudo asunto solo al alcance de catedráticos de derecho constitucional, y por ello incapaz de ganar la partida a las pasiones identitarias que sacuden la política española. Sin embargo, algunos creemos que podría ser diferente si se articulase con eficacia una narrativa federal que incluyera también los valores, emociones y sentimientos del proyecto común español.

Las razones de ese fracaso son achacables a muchos motivos. De entrada, el federalismo en España es la historia de una malentendido. La cultura política de la derecha lo ha asociado al cantonalismo, la disgregación, a veces incluso a la antesala de la separación. En la izquierda, o por lo menos en una parte de ella, particularmente en Cataluña, se ha tendido a confundir el federalismo con algo parecido a la confederación, invocando incluso en su nombre el falaz derecho a decidir. La reciente interlocutoria del Tribunal Constitucional alemán sobre la imposibilidad de que los Länder celebren referéndums de secesión demuestra el carácter unitario del sistema federal. A diferencia de la confederación, el federalismo es una unión integrada, cohesionada y solidaria. Por un lado, garantiza un autogobierno sustantivo a los entes territoriales, pero también requiere cooperación, es decir, exige implicar y hacer participe a esas unidades federadas de la voluntad general de la federación.

La ciencia política internacional cataloga nuestro modelo autonómico como federal, aunque no se diga así. En cambio, en el debate político español las cosas no parecen tan claras y el vocablo federal suscita inacabables discusiones. Cuanto menos se puede afirmar que el diseño territorial nacido en 1978 reúne la mayoría de los elementos de un Estado federal, como demuestran los sólidos niveles de autogobierno de las autonomías, por encima de la mayoría de las federaciones contemporáneas. Sin embargo, nuestro Estado de las autonomías tiene problemas de coherencia y estabilidad evidentes, como puso de manifiesto el Consejo de Estado en un famoso informe en 2006. No es momento de enumerarlos ni de ahondar en el abanico de soluciones. Está todo dicho en la literatura académica. Ahora solo falta que haya capacidad y voluntad política para encontrar el mejor momento que nos conduzca a votar todos juntos una reforma constitucional hecha desde el consenso.

Ahora bien, cualquier mejora que se produzca en un sentido federal necesitará dotarse de una narrativa que vaya más allá de un discurso que mezcle lo político con lo jurídico. Si se quiere dar plena coherencia a un fuerte deseo de autogobierno territorial que no ponga en riesgo el principio de unidad, reforzando los espacios de cooperación, la solución se llama federalismo. Para ello es imprescindible que la derecha pierda el miedo a llamar a la cosas por su nombre y asuma que la España federal, bien articulada, es la identidad más útil en la lucha contra los secesionismos. El federalismo no puede ser una propuesta exclusiva de la izquierda.

La mayoría de las grandes democracias se organizan federalmente (Estados Unidos, Canadá, Australia, Suiza o Alemania). El federalismo conjuga bien con principios y valores como unidad, diversidad, solidaridad, responsabilidad, cooperación o lealtad, que permiten a cada grupo ideológico enfatizar lo que le parezca más relevante sin prescindir del resto. Pero el federalismo seguirá fracasando como discurso político en España si pretende construir una comunidad hiperracional. Manuel Arias Maldonado ha explicado brillantemente en Democracia sentimental (2016) el valor de las emociones en la lucha política. El papel de los símbolos es imprescindible, más aún para hacer frente a unos nacionalismos obsesionados en exaltar su identidad.

España tiene un evidente déficit de símbolos y fiestas cívicas, pero nunca es tarde para redefinir y fortalecer elementos que actúen de pegamento sentimental. La mejor prueba de este potencial es que nuestro país es una realidad internacionalmente reconocida por su historia, cultura, gastronomía, geografía o deportes. Falta reelaborar todos estos materiales y proyectarlos con inteligencia en el interior. También la propia diversidad lingüística puede ser una seña de identidad compartida. El orgullo por el carácter plurilingüe de España, sin menoscabo de la lengua común, puede suministrar parte de la emoción que requiere nuestro federalismo.

Joaquim Coll es historiador y fundador de Societat Civil Catalana.

FUENTE: http://elpais.com/elpais/2017/02/03/opinion/1486142777_909383.html