Primarias o la manzana de la discordia.

Publicado por el 21/07/2017. Categoría: Opinión

 

Eris, diosa de la discordia, se coló en la boda de los padres de Aquiles. No había sido invitada. De hecho todos los dioses y diosas (e incluso una multitud de mortales) habían sido invitados menos ella, que era famosa por las broncas que montaba. Eris, haciendo honor a su fama, soltó en medio de la celebración una manzana de oro que sería “para la más mujer más bonita”. No creo que haga falta ahondar en más detalles de la que se lio en dicha fiesta. Como era previsible, varias diosas (Afrodita, Hera y Atenea en concreto) reclamaron la manzana para sí. Zeus, que en eso de escurrir el bulto debía ser   un artista, nombró al mortal Paris (Príncipe de Troya), juez en la disputa. Os podéis imaginar cómo acabó el asunto…

En los partidos políticos, de vez en cuando, llega el ineludible momento del cambio de líder. Anteriormente, cuando a los partidos políticos no se les exigía cierta democracia interna en el funcionamiento de los mismos, esto se resolvía de maneras “dedocráticas” o se orquestaban congresos y aquí paz y después gloria (a pesar del artículo 6 de la CE). Pero han cambiado los tiempos y una ciudadanía cada vez más exigente, comienza a valorar que los partidos políticos elijan a sus líderes mediante primarias, planteándosele esto a los partidos como su propia manzana de la discordia interna.

No se me ocurre mejor ejemplo que el que he puesto anteriormente para explicar la bomba atómica que suponen unas primarias en el seno de un partido político: se debe elegir un nuevo liderazgo (manzana) al cual optan varios candidatos (diosas) y dicha elección se deja en manos de quien sea que vote (el pobre Paris). No hay más que ver lo que han sido recientemente las primarias del Partido Socialista.

Pero los que tienen que votar y tomar esta decisión, sólo los afiliados si las primarias son cerradas o el electorado completo si son abiertas, tienen en sus manos una elección más complicada incluso que la del propio Paris. Al fin y al cabo, Paris lo tenía sencillo: tenía que elegir a la más bella pero, ¿a quién tienen que elegir los votantes cuando eligen líder? ¿Cuáles son las aptitudes o las actitudes a valorar? La respuesta varía según para qué se esté eligiendo líder y esto suele ser para dos fines: para presentarse a elecciones o para dirigir el partido.

En este sentido, no es baladí la diferencia entre unas primarias abiertas y unas cerradas: en las primeras, al asemejar el electorado de las primarias al real, el resultado suele ser un líder con mayor flexibilidad programática (siempre y cuando el partido lo permita) y más capacidad para llegar al electorado; en las cerradas, al elegir el líder entre los propios afiliados, la persona elegida suele ser más fiel a las ideas del partido, más estricto y purista.

En el caso de que votación a realizar sea para presentarse a las elecciones como candidato en representación del partido, parece que lo más conveniente sería realizar unas primarias abiertas en las que el líder resultante fuera, como he comentado antes, flexible y poco radicalizado.

Esto ya hemos dicho que tiene la ventaja evidente de que el electorado final se vería más identificado con ese líder que con uno más radical, pero tiene varios problemas que se requeriría solventar: principalmente el sabotaje y la entrada de actores externos que ejerzan como grupos de interés en dichas primarias. Para mí, amante de las segundas vueltas, me parece que precisamente ésta solución sería la más apropiada: primera vuelta cerrada a elegir a los dos candidatos más votados (mínimo, por ejemplo, del 20% apoyo), segunda vuelta abierta a la ciudadanía. Un candidato con suficiente apoyo dentro del partido, pero con apoyo también fuera del mismo. Algo que en otros países es lo normal, pero totalmente revolucionario para España.

En el caso de que la elección a realizar sea para dirigir orgánicamente el partido, parece evidente que la decisión debe tomarse internamente mediante primarias cerradas. No sólo por mera lógica de que los afiliados elijan a su secretario general/presidente/coordinador, es que el partido se puede permitir (e incluso puede considerarse conveniente) ser dirigido por alguien más purista y fiel al ideario, alguien menos flexible e incluso más radicalizado.

En cualquier caso, también debería hacerse en este caso una segunda vuelta entre los dos candidatos con más votos para evitar ganadores con escaso apoyo interno.

Lo que está claro es que, una vez hemos visto lo difícil que es repartir la manzana de oro entre las diosas, que por lo menos Zeus se lo ponga fácil al pobre Paris.

No se me olvida hablar de cómo poner los recursos del partido a disposición de los candidatos, establecer contrapesos de poder a los líderes electos, y demás temas, pero todo lo relacionado con cómo hacer que las diosas no corrompan a Paris, lo dejaremos para otra ocasión. Esperemos no llegar tarde esta vez.

Autor: Javier Maurín

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