Un concepto republicano de libertad.

Publicado por el 19/07/2017. Categoría: Opinión

 

En los últimos tiempos una cierta simplificación ha recorrido de punta a punta los registros predominantes en la comunicación política. Según dicha simplificación, los valores constitutivos de la tríada republicana -libertad, igualdad y fraternidad- serían esencialmente incompatibles y, en consecuencia, se antojaría indispensable una elección alternativa y excluyente entre ellos. Principalmente, esa elección se cifraría en la contraposición entre libertad e igualdad que, en suma, vendría a decantar la conformación contemporánea de los bloques derecha e izquierda en la arena política.

Pues bien, a fuer de reduccionista, como todas las simplificaciones, la apuntada introduce un verdadero equívoco conceptual puesto que parte de la asunción de un concepto limitativo de libertad. En efecto, la libertad de los liberales clásicos, que fue adoptada de manera casi dogmática por los máximos exponentes del desregulacionismo económico, se traduce en su acepción negativa de ausencia de interferencias por parte del Estado y los poderes públicos en el desarrollo de los agentes privados. En virtud a un planteamiento como éste, sin duda la libertad se tornaría en un concepto meramente nominal, desprovisto de contenido sustantivo y potencialidades prácticas. Esa libertad no sería una igual libertad para todos los ciudadanos, puesto que es claro que de consolidarse una total y absoluta ausencia de interferencias estatales en el libre desarrollo de cada cual, la igualdad en el ejercicio de las libertades sería poco menos que una verdadera quimera inalcanzable. No otra cosa puede colegirse desde una posición lógica y racional, que no olvide que todos los seres humanos nacen condicionados, en medio biográficos, familiares y socioeconómicos muy concretos, y, desde luego, dispares y desiguales a los de los demás. El concepto negativo de libertad -la consolidada desde el propio Isaiah Berlin a otros liberales clásicos y contemporáneos- vendría a blindar, en el fondo, las desigualdades de origen que caracterizan la vida del ser humano desde su nacimiento, y dejaría en manos de los verdaderos héroes o agraciados con azares impredecibles la posibilidad de prosperar y trascender esos limitativos condicionantes de origen. En fin, la única interacción validada como aceptable por los liberales clásicos, partidarios de un Estado mínimo o tan reducido como sea posible, sería la que afectaría a los ámbitos de justicia, seguridad y defensa, dejando los servicios sociales característicos del Estado de Bienestar -a los que obviamente no se puede llegar sin una injerencia estatal activa- en manos de la beneficencia y caridad privadas.

Frente al concepto liberal o negativo de libertad, el neo-republicanismo de Petit y otros autores aportó una acepción alternativa que, a mi juicio, permite salvaguardar el contenido sustantivo de la libertad y no reducirla a una mera máscara formal, papel mojado sin efectividad práctica alguna. Según la concepción republicana, la libertad quedaría definida como no dominación arbitraria. Lejos de sacralizar así la ausencia de interferencias estatales en las interacciones privadas, la libertad se acercaría sustancialmente más al origen del concepto que decantó la Revolución francesa. Según esta aproximación, de lo que se trataría es de que cada persona pudiera disfrutar de una igual libertad, y, por tanto, de que se evitaran abusos de posición dominante de aquellos que parten de unas condiciones de origen y nacimiento privilegiadas. Sin obviar que con idénticos recursos los individuos desarrollan potencialidades diferentes, el concepto republicano de libertad nos permitiría no sólo atacar las desigualdades flagrantes de partida, sino también alcanzar sociedades con mayores cotas de igualdad material y equidad, menores brechas sociales y mínimas bolsas de exclusión. El concepto republicano de libertad no proscribiría por tanto las interferencias estatales, sino, muy al contrario, abogaría por articular una fuerte institucionalidad pública que fuera garante último del disfrute y ejercicio igualitario de esa libertad. Así, la injerencia estatal que podríamos defender desde un concepto de libertad como el aquí reivindicado no excluiría todos los servicios sociales de carácter público que operan como verdaderos instrumentos de redistribución. De sacralizarse la ausencia de interferencias institucionales que preconizan algunos, dicha redistribución no sería ni posible ni viable.

El neo-republicanismo no solventa todas las inquietudes teóricas y prácticas de la izquierda cívica, pero sí puede constituir un complemento idóneo a las posiciones socialdemócratas que siguen manteniendo un alto grado de vigencia y efectividad. Aporta, en fin, una serie de novedades conceptuales que nos ayudan a explicar los orígenes más democráticos de la izquierda: la reivindicación de los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, y la coherencia para defenderlos conjuntamente sin exclusiones ni renuncias.

Autor: Guillermo del Valle

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