UNA ALTERNATIVA REAL FRENTE AL NACIONALISMO.

Publicado por el 7/11/2017. Categoría: Editorial

Ante las inminentes elecciones catalanas, son diversas las propuestas e ideas que proliferan en la opinión pública para tratar de cambiar la actual correlación de fuerzas. Existe, por un lado, una tendencia bastante generalizada a pensar que la fractura que el nacionalismo ha operado en la sociedad catalana ha de traducirse, necesariamente, en la conformación de un bloque constitucionalista y no nacionalista que abarque todas las variables ideológicas imaginables, con ese denominador común, el no nacionalismo. Otra idea con bastante predicamento es la que apunta a una alternativa exclusivamente ceñida al ámbito autonómico de Cataluña.

Desde Plataforma Ahora, respetando las citadas propuestas, entendemos que ninguna de ellas es verdaderamente útil para oponer una alternativa real y creíble al nacionalismo identitario. Una alternativa capaz, primero, de deslegitimarlo intelectualmente y, después, de derrotarlo en las urnas.

Bien está que la sociedad civil se haya manifestado de manera clara y rotunda frente al nacionalismo y que en las manifestaciones llevadas a cabo por las calles de Barcelona la mayoría antaño silenciosa haya reivindicado sin complejos la titularidad compartida del espacio público. Es natural y altamente saludable que en manifestaciones como las celebradas coincidan ciudadanos de diferentes sensibilidades ideológicas, comprometidos con la defensa de su ciudadanía compartida, de la que se tratan de apropiar indebidamente los separatistas y nacionalistas de todos los pelajes. Resulta igualmente entendible que en los lugares geográficamente afectados de forma directa y palpable por el sarampión identitario – donde los derechos se conculcan a veces de manera violenta y la convivencia democrática se contamina hasta extremos obscenamente tóxicos –  se procure una respuesta inmediata y proactiva al nacionalismo. Hasta ahí todo parece bastante entendible.

Sin embargo, colegir de lo anterior la necesidad de articular un frente constitucionalista que no repare en distinciones ideológicas no nos parece algo recomendable. En primer lugar, porque valida el carácter plebiscitario que los nacionalistas quieren conferir a esta convocatoria electoral. Es indudable que, ante un golpe de Estado, todos los demócratas tenemos que estar unidos. Pero la defensa del Estado de Derecho no puede ser sino un prius irrenunciable, a partir del cual las ofertas electorales y las discrepancias ideológicas son bienvenidas y saludables. Que la democracia sea una condición necesaria para el libre desarrollo de la política no obsta para que, con ese suelo mínimo indiscutible, el juego democrático permita debatir sobre todo lo demás.

Tampoco pensamos que sea suficiente el esfuerzo, por otra parte loable, de articular una voz que responda a las falacias nacionalistas dentro del marco de juego territorial previamente trazado por ellos mismos. ¿Por qué una respuesta en Cataluña y sólo en Cataluña? Es incierto que haya un problema catalán, puesto que cuando se invoca tal cosa a lo que se está aludiendo, en verdad, es al problema de todos los ciudadanos españoles: el inaceptable proyecto nacionalista de levantar una frontera entre conciudadanos y convertir a millones de personas en extranjeros en su propio país. La defensa de la integridad de nuestra ciudadanía nos incumbe a todos, más allá de la concreta demarcación territorial del Estado en donde nos haya tocado nacer o vivir. Al fin y al cabo la ciudadanía no admite grados, y no puede hablarse de ciudadanos de primera y de segunda, o de ciudadanos directamente concernidos por la apropiación indebida de sus derechos y de otros a los que esa eventualidad les pueda resultar indiferente. Si algún día conseguimos contrarrestar efectivamente al nacionalismo será articulando un discurso nacional que recuerde lo obvio: un catalán no es mejor que un extremeño, ni un madrileño que un andaluz porque todos somos esencialmente iguales, en cuanto conciudadanos españoles. De eso trata la ciudadanía, de nuestros derechos y deberes iguales consagrados por las leyes democráticas de la comunidad política. Ése es el verdadero antídoto frente a los privilegios de origen y su reminiscencia anacrónica, tristemente constitucionalizada, de los derechos históricos. También la inaplazable eliminación de estos pretextos de la diferencia dependerá de la capacidad de articular un efectivo discurso nacional; jamás será posible desde ámbitos de acción política limitados y circunscritos a un espacio autonómico, regional o local.

Desde Plataforma Ahora estamos convencidos de que la alternativa real al nacionalismo solo puede ser nacional y de izquierdas. Y no es ésta una afirmación caprichosa. En el adn ideológico del conservadurismo español siempre ha estado la defensa de los privilegios forales – no hay más que observar el proselitismo que el PP hace del pacto con el PNV para ampliar la componenda del cupo vasco, que consagra la desigualdad entre españoles -. Los liberales, por su parte, no han sido doctrinalmente refractarios al derecho de secesión. Al contrario, las principales justificaciones del supuesto derecho de secesión de una parte del territorio político han venido de mano de autores liberales, empecinados en defender una suerte de asociación voluntaria de individuos, como si un Estado democrático fuera un club privado, donde uno entra y sale a discreción.

Es, precisamente, la izquierda la única capaz de defender la unidad e integridad territorial de los Estados con plena coherencia ideológica. No olvidemos lo básico: sin Estado, no hay Estado del Bienestar, ni redistribución posible. Sólo en presupuestos excepcionales, hoy perfectamente tasados por Naciones Unidas, se defendió desde posiciones de izquierdas el derecho de autodeterminación, si bien siempre con carácter instrumental. Esto es, en aras al cumplimiento de un ideal emancipador superior. Fuera de los presupuestos coloniales o de conculcación de derechos – que en Cataluña únicamente se producen a manos de los nacionalistas – esa secesión rompe en mil pedazos los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que señalan la génesis histórica de la izquierda. Sólo la izquierda puede, con perfecta coherencia y naturalidad, defender el Estado es una unidad de justicia y decisión conjunta. Nadie elige las fronteras donde nace, y la razón democrática consiste en garantizar los valores cívicos y universales dentro de las fronteras – siempre arbitrarias – en que a cada ciudadano le ha tocada en suerte o desgracia caer. Elegir romper las fronteras implicaría optar por la quiebra de esas unidades de justicia y decisión, una decisión puramente arbitraria que colisiona con el propio ideal democrático. ¿Y para qué? ¿Para crear limbos jurídicos donde rijan leyes étnicas o identitarias, normas diferentes que oficialicen el privilegio? Esa opción casa mal con los ideales de emancipación, cívicos y universalistas, de la izquierda. Es precisamente por eso por lo que entendemos que la izquierda es la única capacitada para enfrentarse al nacionalismo como ideología reaccionaria, que antepone la identidad a la ciudadanía, y el hecho diferencial a la igualdad de todos los ciudadanos. Dicho en corto: la derecha, con sus familias liberales y conservadoras, siempre guardará latente la tentación de transar con el nacionalismo. Hoy una ampliación y blindaje del concierto económico vasco, mañana tal vez un pacto fiscal para Cataluña. Si escapa de su actual sumisión ignominiosa e incoherente ante el nacionalismo, la izquierda estará perfectamente legitimada para desmontar la lógica regresiva de las identidades, fuente inagotable de privilegios y pretextos contra la igualdad. Siendo, en última instancia, plenamente coherente con sus ideales y principios más genuinos.

Plataforma Ahora entiende que las soluciones cortoplacistas – votos útiles, frentes transversales que den carta de naturaleza al carácter pretendidamente plebiscitario de las elecciones – siempre tienen un vuelo corto. Por ello abogamos por que, en las próximas fechas, pueda tomar cuerpo una alternativa unitaria y amplia que, desde la izquierda cívica, universalista e igualitaria, y con plena vocación nacional, desmonte las falacias del nacionalismo y lo combata como lo que es: la ideología más reaccionaria y lesiva para el proyecto trasformador que la izquierda debe representar.

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