2 Ago 17

Guillermo del Valle participa en la tertulia “Sin Complejos”

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En el siguiente enlace podéis encontrar el programa radiofónico ” Sin Complejos” en el que participó nuestro portavoz adjunto Guillermo del Valle.

http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2017-07-29/sin-complejos-completo-29072017-el-problema-de-rajoy-con-el-referendum-116166.html

30 Jul 17

Entrevista a Gorka Maneiro en Diario 16

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A continuación la entrevista a Gorka Maneiro, portavoz de la Plataforma ahora en Diario 16.

“El PSOE parece que sigue sin entender que izquierda y nacionalismo son conceptos antitéticos”

  • ¿Quién es Gorka Maneiro?

Un ciudadano comprometido dispuesto a seguir peleando por mejorar la sociedad en la que vive. Un idealista. Una persona muy amiga de sus amigos a la que le encanta leer y escribir, la política y aprender cada día escuchando a quienes saben más y tienen más experiencia.

  • ¿Qué diferencia a un niño crecido en el País Vasco a finales de los 70 y principios de los 80, de uno nacido en el resto de España?
En lo fundamental, supongo que casi nada. Sí es cierto que yo viví muy de cerca el terrorismo de ETA y eso condicionó mi vida, no tanto porque me atacara directamente a mí como porque atacaba a la sociedad en la que vivía y, sobre todo, porque surgió de la propia sociedad vasca y parte de ella lo justificó durante décadas. Cosa contra la que había que rebelarse y pelear y yo, como ciudadano comprometido, humildemente lo hice, como otros muchos. Por tanto, eso me condicionó.
  • ¿Dónde nace su interés por la política?

Seguramente fue la actividad de ETA la que me hizo tomar partido e involucrarme, además del nacionalismo vasco, su negativa a luchar contra ETA y su pretensión de dividir a la sociedad. Esa atmósfera y el hecho de que mis padres me inculcaran desde niño, que lo que ocurre a nuestro alrededor nos ocurre también a nosotros. Siempre me trasladaron esa sensibilidad social y la preocupación por los demás. Y que ante las injusticias, hay que mojarse. Cualquier cosa menos lavarse las manos.

  • Usted sufrió en el año 2000 un ataque con cocteles molotov por parte de la Kale Borroka, ¿Qué supuso aquel atentado en su vida?

La confirmación de lo que ya sabía: quien osara enfrentarse a ETA, corría serio peligro de ser perseguido o asesinado. Pero esto ya lo sabía antes del ataque, el cual no hizo sino involucrarme todavía más en mi compromiso ciudadano. Es decir, ETA me ataca porque me rebelo contra ella y sus servicios auxiliares. Pero aquel atentado tiene una importancia residual. 850 personas fueron asesinadas, miles fueron heridos y muchos miles más tuvieron que irse de su tierra. Lo que me ocurrió a mí fue un tema menor.

  • Comienza a formar parte primero del PSE. ¿Por qué?

En aquel momento era el partido más cercano al que me encontraba. Al fin y al cabo, siempre me he considerado progresista y de izquierdas y me han preocupado siempre las cuestiones sociales, la desigualdad y las injusticias. El asunto es que el PSOE parece que sigue sin entender que izquierda y nacionalismo son conceptos antitéticos y creo que este es de verdad el gran problema de España: la ausencia de un partido socialdemócrata ubicado en el centro izquierda que anteponga la igualdad a la identidad.

  • ¿Con qué idea se creó Unión Progreso y Democracia?

Con la idea de impulsar los cambios y las reformas que los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, se negaban a impulsar: desde la reforma de la ley electoral hasta la despolitización de la Justicia, pasando por la reforma del modelo autonómico o medidas a favor de la regeneración democrática. Además, España estaba amenazada por los independentistas que pretendían (y pretenden) romper el Estado… y sin Estado no puede haber ni ciudadanía ni Estado del Bienestar. Esos problemas se mantienen hoy día pero hay otros.

  • UPyD fue el primer partido moderno a nivel nacional, que planteo la ruptura del eje izquierda-derecha. ¿Qué se buscaba con aquello?

Llamar la atención sobre el hecho cierto de que hay ideas que no corresponden exclusivamente a la izquierda o a la derecha, algunas de las arriba indicadas, sin ir más lejos. Por eso se acuñó el término de la transversalidad. El problema es que algunas sí se relacionan más con la izquierda o la derecha. Y que, como escribió Giovanni Sartori, en la política de masas, el eje de la izquierda y la derecha es como una brújula: nos orienta y nos ancla a algo. Lo que no se puede ser es un sectario, eso nunca.

  • ¿Cuál fue el principal objetivo de UPyD?

Regenerar la democracia, luchar contra algunas mentiras instaladas como ciertas en la opinión pública, incomodar a los acomodados y a los acomodaticios, romper tabúes, ensanchar la democracia, mejorar la vida de los ciudadanos.

  • ¿Se reconocerá algún día la labor regeneracionista del partido?

Seguro que sí; de hecho, en parte ya se está haciendo. Personalmente, personas de diferentes ideologías me reconocen continuamente la labor realizada en el Parlamento Vasco y a muchos cargos públicos de UPyD actuales o pasados les ocurre lo mismo. Yo me quedo con eso.

  • ¿Por qué no cuajó la formación magenta?

No supimos adaptarnos al cambio social producido a lo largo de 2013 y 2014, fundamentalmente. Y, de pronto, nos convertimos en un partido viejo. Nos faltó visión política, generosidad y humildad. Y, en lugar de eso, nos bunquerizamos. Nuestra labor institucional en el Congreso de los Diputados fue extraordinaria… pero no supimos venderla a la opinión pública. Y, por supuesto, nos pusieron todas las zancadillas del mundo y no supimos o no pudimos sortearlas. Lo de las zancadillas lo cito siempre en último lugar porque esto no dependió de nosotros. Y yo prefiero decirlo todo.

  • El golpe de timón de Ciudadanos hacía el liberalismo más puramente económico. ¿Evidencia aún más las diferencias entre ambas formaciones?

Lo que sobre todo evidencia es que Ciudadanos abandonó formalmente la socialdemocraciaen su última Asamblea, más allá de que la había abandonado por la vía de los hechos tiempo antes. Ciudadanos, legítimamente, decide abandonar un determinado espacio y pelear en el flanco del centro derecha con el PP. Y abraza claramente el liberalismo económico. Además, no se nos olvide, decide acercarse a lo que ellos llaman nacionalistas moderados y arrojar al suelo algunas de sus banderas iniciales, como la lucha contra la imposición lingüística en Cataluña. Esta decisión de Ciudadanos más el hecho cierto de que el PSOE está viejo y perdido y que Podemos es izquierda reaccionaria y populismo, deja un espacio inmenso en el centro izquierda que espero algún partido político lo ocupe cuanto antes. Porque hay millones de ciudadanos que lo reclaman.

  • ¿UPyD murió de personalismo?

UPyD sigue viva pero debilitada y está fuera del Congreso de los Diputados. Y se debilitó por los hechos señalados más arriba. Además, y eso no lo he dicho antes pero lo añado ahora, tuvimos una serie de problemas internos que no supimos resolver, además de traiciones varias que no pudimos parar a tiempo.

  • ¿El siguiente paso es Ahora?

Yo he decidido explorar vías y caminos nuevos, siempre pensando en España y la situación política y social en la que se encuentra, porque no podemos olvidar el momento político que vive España. Soy de los que no puede estar de brazos cruzados y por eso, junto con Guillermo del Valle, portavoz adjunto de Plataforma Ahora, inicié esa vía hace ahora cuatro meses. Porque soy un ciudadano comprometido y es fundamentalmente ver la situación política del momento y obrar en consecuencia. Ahora hemos conformado un grupo de gente extraordinaria y sumamos nueva gente cada día en todas partes de España. Nuestro objetivo es sumar, porque estamos convencidos de que quienes pensamos políticamente igual o parecido, debemos caminar juntos. La unión hace la fuerza. Y lo importante son las ideas, no las siglas.

  • Ahora se define como “Socialdemócrata, Europeísta, Laica, Regeneradora y Antinacionalista” Símbolos que históricamente ha defendido la izquierda, ¿Son ustedes de izquierdas?

Sí. Reivindicamos la izquierda cívica e igualitaria, es decir, progresista: la auténtica izquierda que antepone la lucha por la desigualdad y la justicia social a cualquier otra cosa. Esa izquierda capaz de ser alternativa a los corruptos y a los recortadores sociales pero también a los independentistas que quieren romper España. Esa izquierda que hay que construir.

  • ¿Cuál es el horizonte de una plataforma como Ahora?

El siguiente paso es abrir una ronda de contactos con plataformas, colectivos, asociaciones y partidos políticos ubicados en el espacio de la izquierda cívica y que comparten nuestros principios e ideas y tratar de sumar fuerzas y ayudar a conformar una alternativa que al menos condicione la política nacional, lo cual, por cierto, no quiere decir que vayamos a ser un partido político, cosa que, por otro lado, tampoco descartamos. Y el 16 de septiembre celebraremos el acto de presentación en Barcelona, en un acto de presentación que esperamos sea multitudinario. Gente muy relevante ya está confirmando presencia.

  • Entre sus libros favoritos está el último ensayo de Antonio Muñoz Molina: Todo lo que era sólido. Si bien aquel título está extraído de una cita marxista más extensa –“Todo lo que era sólido se desvanece el aire”-, ¿Podríamos definir al nacionalismo de este modo; algo sólido que se desvanece en el aire?

El nacionalismo tiene un principio básico: lo mío es mío y lo tuyo de los dos. Ojalá el nacionalismo se desvaneciera pero no se trata de esperar a que se desvanezca por sí solo sino de que, quienes defendemos los derechos ciudadanos y creemos que es mejor unir que separar o derribar fronteras que levantarlas, les ganemos la batalla política. Al fin y al cabo, no hay nada más reaccionario que el nacionalismo, tanto los pequeños que pretendes romper España como los nacionalismos de Estado que impiden la construcción europea.

  • ¿Qué es Cataluña?

Una región de España donde habitan ciudadanos españoles, como en cualquier otra parte de España. Y ahora, una comunidad autónoma gobernada por políticos irresponsables, hacedores de un golpe de Estado que el Gobierno de España debería haber parado hace tiempo.

  • ¿Es España una nación de naciones?

No. Y que el PSOE, con lo que ha sido el PSOE, defienda tal cosa es un desastre para todos. España es un país y un Estado de Derecho y debería ser un país de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones, sin privilegios, pactos fiscales o desigualdades de ningún tipo, no una suma de territorios enfrentados. Y un país donde se atienda prioritariamente a esos millones de ciudadanos afectados por la grave crisis económica, por cierto.

  • Cataluña reclamó en 2010 un concierto económico con el que quería emular a los fueros vasco y navarro. ¿Era esa la solución o solo otro alto más en el camino?

La solución no es repartir privilegios a unos frente al resto sino que no haya privilegios de ningún tipo y se garantice más igualdad, no menos. El problema es que los principales partidos políticos defienden el Concierto Económico vasco y el Convenio navarro, lo cual les impide oponerse a un pacto fiscal para Cataluña de manera creíble y coherente. Los que más tienen no suelen querer aportar a la solidaridad interterritorial pero quienes defendemos el progresismo debemos oponernos a sus intenciones. Y, por lo tanto, garantizar un Estado más justo y más igualitario.

  • ¿Qué tiene de placebo el federalismo –al estilo alemán- planteado por ciertos sectores políticos de este país?

A mí el federalismo me parece razonable, siempre que sea simétrico e igualitario, es decir, defienda la igualdad de los ciudadanos y sirva para clarificar las competencias de las Comunidades Autónomas y del Gobierno de España, el cual debería disponer de una serie de competencias indelegables, lo cual exige una reforma constitucional, cosa que defendemos desde Plataforma Ahora. España no puede ser un puzle de territorios enfrentados sino un país de ciudadanos libres e iguales.

  • Hace una semanas una pancarta de Miguel Ángel Blanco volvió a evidenciar las desavenencias entre partidos, ¿Las diferencias entre partidos es hoy mayor que en aquellos años?

El problema es que algunos han querido utilizar un hecho terrible como el de Miguel Ángel Blanco para sacar ventaja política. Y me refiero a los que han puesto pegas para homenajearlo. Que Podemos no haya querido homenajearlo es una indecencia mayúscula. Miguel Ángel es un símbolo de la democraciay los demócratas debemos asegurar la derrota definitiva de ETA, con vencedores y vencidos, Justicia para las víctimas, verdad, reparación y memoria.

  • ¿Se han usado las víctimas terroristas como instrumentos políticos?

Lo más grave que ha ocurrido es que ha habido quienes nunca las defendieron. Ni a ellas ni las iniciativas tendentes a la derrota de ETA. Sin ir más lejos, el PNV apenas movió un dedo para acabar con ETA o puso todas las excusas posibles para no implementar las medidas necesarias para lograrlo, razón por la cual el terrorismo de ETA perduró tantos años.

  • ¿ETA murió o la mataron?

ETA ha sido derrotada policialmente, gracias fundamentalmente a la labor de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la movilización ciudadana, la colaboración internacional y la ley de partidos. Falta lograr su derrota política, esto es, hacer frente al proyecto totalitario que siguen defendiendo. Y desterrar el odio que habita todavía anida en una parte de la sociedad vasca, aunque sea una parte muy minoritaria. Y siempre defender el Estado de Derecho y la democracia.

 

Fuente: http://diario16.com/psoe-parece-sigue-sin-entender-izquierda-nacionalismo-conceptos-antiteticos/

26 Jul 17

La Barcelona olímpica.

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El 17 de octubre de 1987 estalló la noticia. Me enteré a la salida del trabajo, en el metro, camino de casa. Barcelona acababa de ser proclamada sede de las Olimpíadas de 1992. Barcelona se transformó con las olimpíadas. Se modernizó. Cambio su faz. Se embelleció. El puerto olímpico, Montjuich, el Fórum… convirtieron a Barcelona en una ciudad turística de referencia, una ciudad de oportunidades, de iniciativas, una ciudad que recordaba el ambiente emprendedor y transformador de la mágica Ciudad de los prodigios, recreada en la novela homónima del gran Eduardo Mendoza. ¿Cómo encajaban aquella Barcelona cosmopolita y moderna, bella y acogedora con la obsesión nacionalista que se incubaba en su seno y que no tardaría en alumbrar al monstruo?

Muchas cosas habían ocurrido en España desde la muerte de Franco y las olimpíadas de Barcelona eran como un broche magnífico que certificaba el ingreso de España en la Europa del progreso y la democracia. Sin embargo, las cosas estaban empezando a cambiar. Todo se gestó durante aquellos 10 años que mediaron desde la aprobación de nuestra Constitución hasta la proclamación de Barcelona como sede olímpica.

El nacionalismo catalán, liderado por Jordi Pujol, ideó desde el principio una ambiciosa estrategia política cuyo objetivo era la construcción nacional de Cataluña. Sin embargo, nos tuvimos que plantar en 1992, el año de las olimpiadas, para que el sentimiento antiespañol emergiese en todo su esplendor haciendo añicos la ilusión de un nacionalismo afectuoso con España.

Las olimpíadas de Barcelona fueron un orgullo para todos, el fruto de un esfuerzo y de un empeño colectivo, saludado con euforia por el aquel entonces presidente de la Comunidad de Madrid. España entera se volcó en ellas. Sin embargo, entre los nacionalistas predominaba la idea de que las olimpíadas eran patrimonio exclusivo de Cataluña, sin que a España le correspondiera papel alguno en la gesta. Ya el conflicto se inició con el boicot a Cobi, la mascota de los juegos, por el hecho de que su creador, Mariscal había criticado a Jordi Pujol. Pero eso solo fue el aperitivo. Para evitar que el himno español fuese silbado se optó en varias ocasiones por hacer sonar en su lugar Els Segadors cuando los reyes entraban en el estadio. Se intentaba de este modo impedir que se infligiese un escarnio a España delante del mundo. Aun así, en más de una ocasión se oyeron pitidos, incluso cuando algún atleta español conseguía el oro olímpico y se izaba la bandera de España, preludio, sin duda de la injuriosa afrenta infligida en las finales de las competiciones futbolísticas de los últimos años.

Lo que, desde la televisión, se veía en el estadio contrastaba con la entrega entusiasta y la alegría desbordante que despertaban los triunfos de los atletas españoles entre los habitantes del cinturón industrial y los barrios populares de Barcelona. Recuerdo que en Castelldefels había instalada una pantalla gigante en la Plaza de la Estación, desde donde los ciudadanos seguían con entusiasmo todas las tardes las competiciones. Cuando algún atleta o equipo español conseguía una medalla, y no digamos si ésta era de oro, la explosión de júbilo que se producía era indescriptible, solo comparable a la que estallaría bastantes años después con la conquista de la Copa del Mundo por la selección española de fútbol.

El sentimiento de animadversión hacia España no era compartido, ni mucho menos, por la mayoría de la población. Pero ahí estaba ya, agazapado, incubando el odio con el que finalmente han logrado contaminar a muchos catalanes, aunque, por fortuna, no la mayoría. Ahí muchos pudimos ver ya que el nacionalismo no pretendía solo la supremacía de la lengua y la cultura catalanas en Cataluña, sino que su afán de singularización iba mucho más allá. Muy pocos hicieron algo por evitarlo.

Autora: Dolores Agenjo

Portavoz adjunta Ahora Plataforma

 

25 Jul 17

Plataforma Ahora hace un llamamiento al socialismo cívico para que defiendan la igualdad de derechos entre los españoles

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  • Gorka Maneiro lanza un mensaje de ánimo a los socialistas que defienden la igualdad frente a la plurinacionalidad impuesta por Sánchez.
  • Para el portavoz de Plataforma Ahora, “la plurinacionalidad del Partido Socialista lo único que hace es dar alas a los nacionalistas que quieren romper España”

25 de julio de 2017– Desde Plataforma Ahora han lanzado un mensaje de ánimo a los socialistas que defienden la igualdad para que “pongan pie en pared a la plurinacionalidad de Sánchez”. Unas declaraciones realizadas por el portavoz de Plataforma Ahora, Gorka Maneiro, después de que se haga pública la trifulca interna en el PSOE por el modelo plurinacional impuesto por el secretario general y que está dividiendo a los socialistas y poniendo en tela de juicio la historia viva del socialismo.

En este sentido, según las palabras de Maneiro, “la plurinacionalidad del Partido Socialista y el concepto inventado de nación de naciones, no hacen más que dar alas a los nacionalistas que quieren romper España y animan a la disgregación del Estado y al fomento de la desigualdad”.

Por lo tanto, desde Ahora defienden que “frente a esto, abogamos, como siempre hemos hecho, por defender un país, España, de ciudadanos libres e iguales, sin privilegios y donde se garanticen los mismos derechos y obligaciones para todos”.

En esta línea, hacen un llamamiento al “socialismo cívico para que defiendan la igualdad de derechos entre los españoles ante la deriva pseudo nacionalista que está el tomando el PSOE de Pedro Sánchez”.

Al hilo de esto, desde Plataforma Ahora recuerdan que “es bueno que todos los que pensamos parecido, rememos en la misma dirección y que los que defendemos el socialismo cívico trabajemos juntos”. Por lo que animan a todos “los desencantados y decepcionados por lo que está pasando con sus siglas a que defiendan, por encima de todo, su tradición e historia viva”.

 

24 Jul 17

Cataluña tambien es España

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Me van a permitir que hable sobre un gran problema nacional. Se trata de uno de tantos, pero es uno sobre el que hay mucha desinformación, de rigurosa actualidad y sobre el que todos deberíamos  opinar. Y es que, como una vez oí decir a un gran filosofo español, Fernando Savater, salimos a la calle y hacemos grandes y efectivas manifestaciones por recortes o por injusticias, por la privatización de la sanidad pública, por el detrimento de nuestra educación pública y por otros muchos motivos, pero nos quieren recortar nuestro país, nos quieren quitar un trozo de España… y no hacemos nada. Y sí que se puede.

Se puede reclamar la renovación de la Constitución Española y la aplicación de todos sus artículos. Porque es un hecho que la mayoría de instituciones se saltan lo que se firmó y votó por la mayoría de los españoles en 1978.

Valga un ejemplo. Tomemos el artículo 155 de la Constitución Española, que dice así:  “1) Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. 2) Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”.

Este artículo de nuestra Carta Magna viene a decir que el Gobierno de España puede, y en estos momentos debe o debería, tomar la iniciativa de dirigirse al presidente de la Generalitat de Cataluña y negarle la pregunta que quiere someter a referéndum (otra vez). Es más, ese referéndum solo puede autorizarlo el presidente del Gobierno de España con la aprobación del rey Felipe VI. Además, este artículo permite suspender la autonomía de una comunidad si atenta gravemente al interés de España o no cumple con sus obligaciones constitucionales.

Un primer paso que Rajoy podría dar es que el Estado asumiera el control de los Mossos d’Esquadra –la policía autonómica catalana– para evitar que contribuyeran de cualquier modo a la realización de una consulta inconstitucional. De ahí las dimisiones esta semana: la del director de los Mossos d’Esquadra, la de su jefe político y la del director del 112. Otra posible actuación haría que el Gobierno administrara directamente el dinero que entrega a Cataluña, para garantizar que se gasta en servicios como sanidad y educación y no en otras cosas como consultas ilegales y embajadas ostentosas.

El presidente del Gobierno dispone de margen legal para hacer frente ya al president catalán, Carles Puigdemont. También puede instar a la Fiscalía General del Estado para que advierta a Puigdemont del carácter delictivo de sus actuaciones y, en caso de continuar, abrir una causa judicial contra él por usurpación de atribuciones, según el artículo 509 del Código Penal, que podría suponer su inhabilitación como cargo público.

Herramientas hay para poder parar el atropello a los derechos de los españoles, pero quien tiene que aplicar la ley y la Constitución se lo piensa demasiado; mientras tanto, tenemos como diputados nacionales quienes no quieren que su autonomía forme parte de España. Pretenden que les regalemos las autopistas y los aeropuertos que se han pagado con el dinero de todos nosotros y, lo peor, es que hasta ahora los Gobiernos, ahora del PP y antes del PSOE, se lo están consintiendo.

En cuanto a la comparación con la consulta en Venezuela recientemente y que tantos comparan con España. Hay diferencias significativas, como que en Venezuela ha votado todo el país, incluso venezolanos que ahora viven en otras partes del mundo, y que en Venezuela esta consulta es válida pues su constitución así lo reconoce en su artículo 70.

En España un referéndum es ilegal y por mucho que se repita no se va a volver legal, hay que cambiar la Constitución para ello.

 Autora: Eva María Sánchez García

Fuente: http://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20170720/232796719_7.html

22 Jul 17

Pedro Sánchez necesita que le informen

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Dice Pedro Sánchez que quiere ser el primer presidente que le dé al uso del catalán, el euskera y el gallego la misma importancia que a la del castellano, ignorando que no son los políticos los que dan o quitan peso al uso de las lenguas, sino los hablantes; de la misma manera que el peso de los partidos políticos no depende de otra cosa que de los ciudadanos que les votan.

El castellano o español es la lengua materna de la inmensa mayoría de los españoles, no solo en el conjunto de España, sino también en esas mismas comunidades en las que se hablan otras lenguas. Parece de justicia que la lengua mayoritaria, conocida por todos y propia de más de un 80% de los españoles goce de un estatus especial, el de lengua común.

Pretender que las lenguas regionales han de estar a la par que el español es una aberración. Supone una injusticia manifiesta no solo porque no respeta el respectivo peso demográfico de las lenguas españolas, sino porque además margina a otras arbitrariamente. ¿En qué criterios fundamenta Pedro Sánchez su exclusión del bable, el valenciano, las modalidades baleares, el aragonés, el aranés… y vaya usted a saber qué otras hablas que pudieran reivindicarse como lenguas propias ahora o en futuro? Pero, además de una injusticia, acabar con la lengua común sería un inmenso error que privaría a España de un medio de comunicación práctico y eficaz como aquel del que disponen la mayoría de países de nuestro entorno.

El uso de las lenguas regionales debe, sin duda, estar protegido en sus ámbitos geográficos, y lo está sobradamente pues tanto la Constitución como los Estatutos de Autonomía brindan un amparo más que suficiente a sus hablantes para ejercer sus derechos lingüísticos.

Ah, no, para Pedro Sánchez esto no es suficiente. Según él, cualquier persona debe poder dirigirse y ser atendida en euskera, catalán o gallego por la administración central, multiplicándose así el número de traductores y de horas invertidas en el aprendizaje de lenguas que carecen de hablantes fuera de su ámbito geográfico.

Muy escrupuloso resulta el señor Sánchez en la defensa de los derechos lingüísticos de estos ciudadanos. Sorprende, sin embargo, que el señor Sánchez no haya manifestado nunca (pero nunca es nunca, oiga) ninguna preocupación por la situación que viven los hispanohablantes en esas comunidades. Quizá, el señor Sánchez ignora que son precisamente estos ciudadanos los que con más razón pueden hablar de vulneración de derechos lingüísticos.

Sucede que el señor Sánchez solo se informa por boca del secretario general de los socialistas catalanes, partido que lleva desde los inicios de la transición anteponiendo los intereses del nacionalismo a los intereses sociales y culturales de los trabajadores a los que dicen representar. Como buen socialista, el camarada Sánchez debiera saber que la alienación de la clase obrera no solo consiste en que le sea arrebatado el fruto de su trabajo, sino también sus raíces culturales, su identidad lingüística, para sustituirla por la lengua de la tierra —de los amos de la tierra, diría yo—.

Pedro Sánchez debiera saber que en Cataluña no se puede estudiar en español y que los padres que se atreven a reclamar ese derecho han de recurrir a los tribunales y padecer el acoso de los fanáticos del nacionalismo. Pedro Sánchez debiera saber que en Cataluña no existe libertad para rotular un negocio en la lengua de la mayoría de la población, que es el español. Pedro Sánchez debería venir a Castelldefels y hablar con los padres del colegio Guinovart, repudiados, acusados de acoso judicial por la alcaldesa de su partido en ese municipio, María Miranda, para vergüenza de cualquier socialista con principios democráticos.

Quizá, si Pedro Sánchez hablara con alguien más que el señor Iceta, sabría en qué consiste realmente la vulneración de los derechos lingüísticos y quiénes son sus verdaderas víctimas.

Autora: Dolores Agenjo. Portavoz adjunta de Plataforma Ahora.

Fuente: http://www.elcatalan.es/pedro-sanchez-necesita-le-informen/

21 Jul 17

Primarias o la manzana de la discordia

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Eris, diosa de la discordia, se coló en la boda de los padres de Aquiles. No había sido invitada. De hecho todos los dioses y diosas (e incluso una multitud de mortales) habían sido invitados menos ella, que era famosa por las broncas que montaba. Eris, haciendo honor a su fama, soltó en medio de la celebración una manzana de oro que sería “para la más mujer más bonita”. No creo que haga falta ahondar en más detalles de la que se lio en dicha fiesta. Como era previsible, varias diosas (Afrodita, Hera y Atenea en concreto) reclamaron la manzana para sí. Zeus, que en eso de escurrir el bulto debía ser   un artista, nombró al mortal Paris (Príncipe de Troya), juez en la disputa. Os podéis imaginar cómo acabó el asunto…

En los partidos políticos, de vez en cuando, llega el ineludible momento del cambio de líder. Anteriormente, cuando a los partidos políticos no se les exigía cierta democracia interna en el funcionamiento de los mismos, esto se resolvía de maneras “dedocráticas” o se orquestaban congresos y aquí paz y después gloria (a pesar del artículo 6 de la CE). Pero han cambiado los tiempos y una ciudadanía cada vez más exigente, comienza a valorar que los partidos políticos elijan a sus líderes mediante primarias, planteándosele esto a los partidos como su propia manzana de la discordia interna.

No se me ocurre mejor ejemplo que el que he puesto anteriormente para explicar la bomba atómica que suponen unas primarias en el seno de un partido político: se debe elegir un nuevo liderazgo (manzana) al cual optan varios candidatos (diosas) y dicha elección se deja en manos de quien sea que vote (el pobre Paris). No hay más que ver lo que han sido recientemente las primarias del Partido Socialista.

Pero los que tienen que votar y tomar esta decisión, sólo los afiliados si las primarias son cerradas o el electorado completo si son abiertas, tienen en sus manos una elección más complicada incluso que la del propio Paris. Al fin y al cabo, Paris lo tenía sencillo: tenía que elegir a la más bella pero, ¿a quién tienen que elegir los votantes cuando eligen líder? ¿Cuáles son las aptitudes o las actitudes a valorar? La respuesta varía según para qué se esté eligiendo líder y esto suele ser para dos fines: para presentarse a elecciones o para dirigir el partido.

En este sentido, no es baladí la diferencia entre unas primarias abiertas y unas cerradas: en las primeras, al asemejar el electorado de las primarias al real, el resultado suele ser un líder con mayor flexibilidad programática (siempre y cuando el partido lo permita) y más capacidad para llegar al electorado; en las cerradas, al elegir el líder entre los propios afiliados, la persona elegida suele ser más fiel a las ideas del partido, más estricto y purista.

En el caso de que votación a realizar sea para presentarse a las elecciones como candidato en representación del partido, parece que lo más conveniente sería realizar unas primarias abiertas en las que el líder resultante fuera, como he comentado antes, flexible y poco radicalizado.

Esto ya hemos dicho que tiene la ventaja evidente de que el electorado final se vería más identificado con ese líder que con uno más radical, pero tiene varios problemas que se requeriría solventar: principalmente el sabotaje y la entrada de actores externos que ejerzan como grupos de interés en dichas primarias. Para mí, amante de las segundas vueltas, me parece que precisamente ésta solución sería la más apropiada: primera vuelta cerrada a elegir a los dos candidatos más votados (mínimo, por ejemplo, del 20% apoyo), segunda vuelta abierta a la ciudadanía. Un candidato con suficiente apoyo dentro del partido, pero con apoyo también fuera del mismo. Algo que en otros países es lo normal, pero totalmente revolucionario para España.

En el caso de que la elección a realizar sea para dirigir orgánicamente el partido, parece evidente que la decisión debe tomarse internamente mediante primarias cerradas. No sólo por mera lógica de que los afiliados elijan a su secretario general/presidente/coordinador, es que el partido se puede permitir (e incluso puede considerarse conveniente) ser dirigido por alguien más purista y fiel al ideario, alguien menos flexible e incluso más radicalizado.

En cualquier caso, también debería hacerse en este caso una segunda vuelta entre los dos candidatos con más votos para evitar ganadores con escaso apoyo interno.

Lo que está claro es que, una vez hemos visto lo difícil que es repartir la manzana de oro entre las diosas, que por lo menos Zeus se lo ponga fácil al pobre Paris.

No se me olvida hablar de cómo poner los recursos del partido a disposición de los candidatos, establecer contrapesos de poder a los líderes electos, y demás temas, pero todo lo relacionado con cómo hacer que las diosas no corrompan a Paris, lo dejaremos para otra ocasión. Esperemos no llegar tarde esta vez.

Autor: Javier Maurín

19 Jul 17

Un concepto republicano de libertad

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En los últimos tiempos una cierta simplificación ha recorrido de punta a punta los registros predominantes en la comunicación política. Según dicha simplificación, los valores constitutivos de la tríada republicana -libertad, igualdad y fraternidad- serían esencialmente incompatibles y, en consecuencia, se antojaría indispensable una elección alternativa y excluyente entre ellos. Principalmente, esa elección se cifraría en la contraposición entre libertad e igualdad que, en suma, vendría a decantar la conformación contemporánea de los bloques derecha e izquierda en la arena política.

Pues bien, a fuer de reduccionista, como todas las simplificaciones, la apuntada introduce un verdadero equívoco conceptual puesto que parte de la asunción de un concepto limitativo de libertad. En efecto, la libertad de los liberales clásicos, que fue adoptada de manera casi dogmática por los máximos exponentes del desregulacionismo económico, se traduce en su acepción negativa de ausencia de interferencias por parte del Estado y los poderes públicos en el desarrollo de los agentes privados. En virtud a un planteamiento como éste, sin duda la libertad se tornaría en un concepto meramente nominal, desprovisto de contenido sustantivo y potencialidades prácticas. Esa libertad no sería una igual libertad para todos los ciudadanos, puesto que es claro que de consolidarse una total y absoluta ausencia de interferencias estatales en el libre desarrollo de cada cual, la igualdad en el ejercicio de las libertades sería poco menos que una verdadera quimera inalcanzable. No otra cosa puede colegirse desde una posición lógica y racional, que no olvide que todos los seres humanos nacen condicionados, en medio biográficos, familiares y socioeconómicos muy concretos, y, desde luego, dispares y desiguales a los de los demás. El concepto negativo de libertad -la consolidada desde el propio Isaiah Berlin a otros liberales clásicos y contemporáneos- vendría a blindar, en el fondo, las desigualdades de origen que caracterizan la vida del ser humano desde su nacimiento, y dejaría en manos de los verdaderos héroes o agraciados con azares impredecibles la posibilidad de prosperar y trascender esos limitativos condicionantes de origen. En fin, la única interacción validada como aceptable por los liberales clásicos, partidarios de un Estado mínimo o tan reducido como sea posible, sería la que afectaría a los ámbitos de justicia, seguridad y defensa, dejando los servicios sociales característicos del Estado de Bienestar -a los que obviamente no se puede llegar sin una injerencia estatal activa- en manos de la beneficencia y caridad privadas.

Frente al concepto liberal o negativo de libertad, el neo-republicanismo de Petit y otros autores aportó una acepción alternativa que, a mi juicio, permite salvaguardar el contenido sustantivo de la libertad y no reducirla a una mera máscara formal, papel mojado sin efectividad práctica alguna. Según la concepción republicana, la libertad quedaría definida como no dominación arbitraria. Lejos de sacralizar así la ausencia de interferencias estatales en las interacciones privadas, la libertad se acercaría sustancialmente más al origen del concepto que decantó la Revolución francesa. Según esta aproximación, de lo que se trataría es de que cada persona pudiera disfrutar de una igual libertad, y, por tanto, de que se evitaran abusos de posición dominante de aquellos que parten de unas condiciones de origen y nacimiento privilegiadas. Sin obviar que con idénticos recursos los individuos desarrollan potencialidades diferentes, el concepto republicano de libertad nos permitiría no sólo atacar las desigualdades flagrantes de partida, sino también alcanzar sociedades con mayores cotas de igualdad material y equidad, menores brechas sociales y mínimas bolsas de exclusión. El concepto republicano de libertad no proscribiría por tanto las interferencias estatales, sino, muy al contrario, abogaría por articular una fuerte institucionalidad pública que fuera garante último del disfrute y ejercicio igualitario de esa libertad. Así, la injerencia estatal que podríamos defender desde un concepto de libertad como el aquí reivindicado no excluiría todos los servicios sociales de carácter público que operan como verdaderos instrumentos de redistribución. De sacralizarse la ausencia de interferencias institucionales que preconizan algunos, dicha redistribución no sería ni posible ni viable.

El neo-republicanismo no solventa todas las inquietudes teóricas y prácticas de la izquierda cívica, pero sí puede constituir un complemento idóneo a las posiciones socialdemócratas que siguen manteniendo un alto grado de vigencia y efectividad. Aporta, en fin, una serie de novedades conceptuales que nos ayudan a explicar los orígenes más democráticos de la izquierda: la reivindicación de los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, y la coherencia para defenderlos conjuntamente sin exclusiones ni renuncias.

Autor: Guillermo del Valle

17 Jul 17

Socialismo

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Hace tiempo que confesé por escrito que no creo en ese pretendido par dialéctico Izquierda/Derecha, mera topografía política, histórica, que viene a reservar espacios separados a las “fuerzas progresistas” de la Sociedad, aquellas que pretenden mantener vivo el lema revolucionario de “libertad, igualdad y fraternidad”, todo un paradigma social en sí mismo, frente a las “fuerzas regresivas”, comúnmente llamadas reaccionarias, que viven permanentemente aprovechando la ocasión de regresar al engrandecimiento de sus privilegios históricos; y no creo en ese par dialéctico porque falla en lo principal: la izquierda reaccionaria existe y es siempre peligrosamente populista, como cierto progresismo no es extraño a la derecha, aunque sólo sea para adquirir nuevos privilegios con los que sustituir a algunos viejos, tan vetustos, que de poco les sirven ya. Para colmo, esa topografía de izquierda/derecha no admite título de propiedad, pese a la contumaz insistencia de políticamente interesados en ello, sino que exige que sea la diacronía de tus hechos políticos la que deje bien sentado de qué lado de la intangible frontera se encuentra cada cual.

Además, por experiencia propia sé que hay muchas maneras de ser de izquierdas (disculpad que no me ocupe de las derechas, pues siempre me dio mucha pereza), aunque yo únicamente estoy capacitado para reconocer tres: izquierda reaccionaria, normalmente populista, eternamente en pos de una utopía teórica dogmáticamente impedida para aterrizar en el mundo de los vivos y que, cuando lo hace, siempre necesita riadas de sangre, sudor y lágrimas con que amasar cierto cimiento social; la izquierda radical, reformista a perpetuidad, normalmente ilustrada e intelectualmente impelida a profundizar hasta la raíz misma de los problemas, sabedora como es que solucionar la periferia de cada problemática es una abominable tibieza que se reduce a vivir aparentando lo que no se es; y la izquierda oportunista, esa otra izquierda tan dignamente centrada que pretende vivir educadamente con un pie en la izquierda y otro en la derecha, sirviendo acomodaticiamente a dos señores y arrogándose un pretendido meritorio equilibrio que no es más que un patético baile de la yenka que sólo conduce a confundirse con el paisaje para, así, mejor asegurarse un mullido, cómodo y dorado pesebre de poder. Y pese a todo lo dicho, volvemos a toparnos con que es la crudeza de los hechos políticos, y no el almíbar del discurso sectario, quien nos coloca a cada uno en el hemisferio topográfico que nos corresponde.

Por mi parte, mis circunstancias familiares me han llevado siempre a encontrarme en el lugar en el que todo el mundo me ha visto, hasta el punto de que llegué a militar en el PSOE, desde 1998, hasta que la tozudez de los hechos me demostraron que esa fuerza política era una maquinaria pendular, de reaccionaria a oportunista según dictasen las santas encuestas, y no sin amargura, lo reconozco, me vi en la obligación de abandonar sus filas, mediante renuncia manuscrita, un 9 de Marzo de 2014. Digo ésto porque durante aquellos años de militancia “pesoísta” y bastantes otros más desde mi mocedad, el PSOE ha sido esa fuerza hegemónica que ha conseguido patrimonializar la izquierda española sin más mérito ideológico reconocible que odiar retóricamente a la derecha y negarse fervientemente a ser comunista, extremos políticos que no cunden buenos ejemplos históricos en el imaginario colectivo nacional, pese a que un riguroso estudio de historia comparada nos llevaría muy pronto a comprobar que, como se suele decir en Granada, “en todas las casas cuecen habas y en la mía a calderadas”. Pues bien, en todos aquellos años, desde mi mayoría de edad, me he encontrado con carretadas de argumentaciones teóricas “socialistas”, pero ni en una sóla ocasión con una definición clara, concisa y concreta de lo que realmente ha sido, es y será el socialismo, pues se entiende que ha de ser un movimiento político hábil y válido, mientras que la Sociedad exista, siempre ubicado en la topografía de izquierda radical que se supone ha de ocupar el socialismo, al menos el que todos los socialistas convencidos echamos de menos.

Debo esta convicción precisamente a mi formación académica, la que me ha llevado a saber que desde nuestro antepasado género Australopithecus, luego antes incluso del nacimiento de la Humanidad, el Hombre ha escogido la senda evolutiva del hiperpredador social, cooperativo y organizado en base a la familia nuclear que jamás debió abandonar; porque la cruda verdad antropológica es que fue hace muy poco, en torno al Milenio –VII, que la Revolución Agrícola que sedentarizó a la Humanidad liberándola de las cadenas demográficas y ambientales del pasado, degeneró en lo que los antropólogos bautizaron como Conflicto Neolítico y que no fue otra cosa que la fractura social por la emersión contra natura del elitismo, o sea, un credo supremacista, clasista, corporativista y xenófobo que, reservándose el control de la fuerza militar, moral e económica de las sociedades antiguas, las acabó aristocratizando y arrastrando a la senda cainita que condujo directamente a la Humanidad que hoy conocemos. Por consiguiente, podría definirse en negativo el socialismo como todo lo que es radicalmente opuesto al elitismo y, sin necesidad de definirlo en positivo, como es de rigor, la simpleza anterior ya se basta para ilustrarnos fehacientemente que el socialismo, como su antagonista el elitismo, lejos de ser una doctrina política es una emoción política, es decir, una aptitud política privativa del individuo y, por tanto, independiente de su cuna, raza, credo o sexo. El socialismo, como el elitismo, pues, son atributos humanos que se maman en casa y se desarrollan y pulen en sociedad con la fuerza de las circunstancias vitales de cada persona, las cuales principian siempre con hechos emocionales tan determinantes como las predisposiciones genéticas, que mejor dejar al margen de esta discusión.

Consecuentemente, para un humilde radical que cree fervientemente que la “Política es el arte de la convivencia”, el socialismo real, nada que ver con el histórico heredado del romanticismo filosófico, no es otra cosa que la aptitud prosocial activa, individual y consecuente del ciudadano que se reconoce igual al resto de los hombres y, por ende, que cree firmemente que lo que es bueno para él, y para los suyos, ha de ser intrínsecamente bueno para el resto de la Humanidad lo cual, subsecuentemente, le lleva a asumir que la libertad individual requiere de normas, pues necesariamente ha de acabar allí dónde comienza la libertad de su prójimo, por lejano que resulte, y que la fraternidad humana es un hecho natural, absolutamente biológico, que le asegura que todos sus anhelos y esperanzas son automáticamente homologables a los del resto de los humanos vivos. De hecho, hasta las propias élites sociales apelan a esa fraternidad, a esa igualdad y a esa libertad toda vez que necesitan contención social para seguir preservando sus privilegios, más que nada, porque los elitistas tienen meridianamente claro que su posición contra natura, además de requerir ingentes cantidades de capital humano, económico e institucional para perpetuarse, adolece de la enorme flaqueza de ser una realidad histórica a cada generación más y más minoritaria, luego más débil e inestable.

Pero claro, el grado de confusión actual es tal, en plena edad de la Posverdad, y el nivel de degradación pública del progresismo mundial es tan grande, que ahora nos encontramos como aquel recluta paisano mío que, apuntando maneras de valeroso caballero legionario, en sus primeras maniobras con fuego real se hizo un ovillo sobre sí, tan apretado, que un pequeño grano de arena fue capaz de hacerle sombre de cuerpo entero. Furibundamente interpelado por su sargento, bajo el aplastante silencio acusatorio del alto el fuego provocado, el cuitado se cuadró, se armó de dignidad, sacó una bala de su canana y, jurando y perjurando que él no le tenía miedo a las balas mientras se golpeaba duramente con aquella en el pecho, acabó reconociendo que le asustaba mucho la velocidad con que le pasaban silbando… Y eso mismo es lo que le ocurre a esta sociedad posmoderna que amenaza ruina por doquier, que no le teme a las palabras pero se horroriza con el significado original y exacto de las mismas; por eso las pervierte, las violenta y las eufemiza hasta el más grandilocuente de los ridículos, en una suerte de logomaquia de salón de té que ha acabado configurando una sociedad acrítica y descreída en la que los “políticos” de oficio, beneficio y condición reinan como tuertos en países de ciegos.

Mas yo no me resigno. Jamás dejaré de ser lo que buenamente pueda ser conforme a mis circunstancias personales y eso, necesariamente, entraña negarme a que otros se arroguen en propiedad actitudes y aptitudes políticas permanentemente contradichas por sus hechos. Por tanto, el que quiera ser de izquierdas que lo demuestre, y el que quiera ser socialista que lo atestigüe con ejemplo, que las palabras se las lleva el viento por más que haya palabras que matan.

¡Carpe diem!

 

Autor: Pedro Navarrete

13 Jul 17

Legitimando a Podemos

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El giro político que Pedro Sánchez quiere imprimir al PSOE me recuerda la misma maniobra que el PSC llevó a cabo tras las elecciones autonómicas catalanas de 1999. En efecto, en aquellos comicios, el PSC obtuvo más votos que CiU pero esta fue ganadora en escaños. Así Pujol, con el apoyo parlamentario del PP, no lo olvidemos, fue elegido presidente.

Tras este resultado, la reacción socialista fue acercarse a ERC porque consideraba que también era un partido de izquierdas, no un partido nacionalista. Resultado de todo ello fue un acuerdo con los republicanos para reformar el Estatuto de 1979 y formar grupo propio en el Senado. Desde el 2000 al 2003, se empezó a fraguar el antecedente inmediato de la actual situación catalana: los socialistas legitimaron a ERC, un partido independentista, como partido de gobierno y, además confiaron en él para reformar el estatuto vigente. CiU, en su puja con Esquerra para demostrar quien era nacionalista de verdad, propuso que era necesario un nuevo Estatuto, como así fue.

Es decir, por razones tácticas de partido, primero los socialistas y después los convergentes, iniciaron una carrera para aprobar un nuevo estatuto que nadie pedía. Los intereses de partido se impusieron a los intereses generales.

Pues bien, ahora el nuevo PSOE de Pedro Sánchez, para demostrar que es de izquierdas, quiere acercarse a Podemos. “Somos la izquierda”, proclama una gran pancarta tras la mesa presidencial. En el fondo, algo acomplejadamente, se insinúa “somos la izquierda porque nos acercamos a Podemos”. Con lo cual, en conclusión, la izquierda, la de verdad, es Podemos y lo que nos da marchamo de izquierdas a los socialistas es ir junto a ellos para derrotar al PP.

Las derivadas últimas de esta lógica son, primera, que Podemos ya no es un partido populista sino un partido de izquierdas con el cual se puede gobernar; y, segunda, el viejo PSOE, el de Felipe, Solana y Rubalcaba, últimamente el de Javier Fernández y Susana Díez, se había derechizado y había dejado de ser de izquierdas.

A veces, las maniobras tácticas dan buenos frutos inmediatos – Maragall y Montilla fueron presidentes de la Generalitat – pero a la larga resultan letales. El PP de Aznar hizo presidente a Pujol en 1999 porque ambos eran de “derechas”, Maragall formó gobierno con ERC porque ambos eran de “izquierdas”. Resultó que CiU y ERC eran, por encima de todo, nacionalistas. Hoy tanto el PSC como CiU son partidos en decadencia mientras ERC es el triunfador.

Que no le pase lo mismo al nuevo PSOE con Podemos: lo están legitimando como la izquierda auténtica y, entre lo verdadero y la copia, los votantes, véase el caso de ERC, nunca confían en la copia.

Autor: Francesc de Carreras

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/07/11/opinion/1499795185_201255.html