12 Oct 17

Ainhoa Arteta contra los independentistas: “Nos han secuestrado ideológicamente”

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La soprano se ha envuelto en un mantón de Manila, ha entonado ‘De España vengo’ y ha asegurado que ella es “vasca de 30 apellidos vascos, pero, por encima de todo, española”.

La soprano Ainhoa Arteta honró hace dos noches al padre de Poeta en Nueva York en La voz y el poeta. Homenaje a Lorca, en el Teatro de la Zarzuela. Arteta recuerda en su espectáculo al granadino de 1931, cuando fundó la compañía teatral La Barraca -formada por estudiantes universitarios- con la misión de dar a conocer el teatro ibérico en ciudades y pueblos que no tenían acceso a ese tipo de representaciones. Ahí Lorca jugueteaba entre la poesía y la realidad y ponía el foco en el mundo interior femenino, la frustración amorosa y el amor imposible.

Es este modelo el que replica la artista en La Zarzuela, con guiño a las canciones populares que él musicó, como El café de Chinitas, Nana de Sevilla o Los cuatro muleros. La acompañan el pianista Rubén Fernández Aguirre y la bailaora Pilar Astola, amén de simbólicos elementos decorativos que refuerzan la dramaturgia: por ejemplo, sobre una silla se extienden un traje y un capote de torero.

“De España vengo” 

Sin embargo, la noche del lunes fue diferente. Tal y como confirman desde el Teatro de La Zarzuela, la primera parte y segunda parte del espectáculo se desarrollaron con normalidad, pero una vez con la platea en pie, “en pleno éxito”, Arteta dio un paso adelante en los bises, se envolvió en un mantón de Manila y se arrancó por De España vengo, canción que pertenece al segundo acto de la zarzuela de El niño judío, del maestro Pablo Luna.

“De España vengo, soy española. En mis ojos me traigo luz de su cielo y en mi cuerpo la gracia de la Manola. De España vengo, de España soy, y mi cara serrana lo va diciendo”, cantó. “A mí lo madrileño me vuelve loca y cuando yo me arranco con una copla, el acento gitano de mi canción, toman vida las flores de mi mantón. De España vengo, de España soy…”.

 No sólo eso. La soprano aseguró, al terminar, que ella es “vasca de 30 apellidos vascos, pero por encima de todo soy española”: “Y ahora voy a dedicar las dos próximas canciones a todos los catalanes que se sienten -como yo he estado mucho tiempo- secuestrados ideológicamente”. El público lloró sus dos siguientes temas en vasco y en catalán, este último, Cant dels occels (El canto de los pájaros), de Pau Casals. La Zarzuela cayó rendida.
11 Oct 17

Plataforma Ahora pide al Gobierno de España y a los partidos democráticos que “no se dejen engañar por los golpistas”

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13 de octubre de 2017– Plataforma Ahora pide a Gobierno y partidos democráticos que “no se dejen engañar por los golpistas, rechacen cualquier diálogo con delincuentes y traten de unir sus fuerzas para hacer frente al desafío de los separatistas”. Y es que, tal y como ha manifestado el portavoz de Ahora, Gorka Maneiro, “los independentistas siguen adelante con su estrategia para lograr la secesión de Cataluña”, por lo que han pedido al Gobierno de España y a los partidos democráticos que “unidos, detengan ya este atropello antidemocrático, aplicando toda la ley, sin contemplaciones”.

Por este motivo, Maneiro espera que “el requerimiento a la Generalitat de Cataluña sea el inicio de la aplicación del artículo 155 y no sea, en ningún caso, un intento de posponer la aplicación de la ley contra los golpistas”. Asimismo, mantiene que “en nuestra opinión, que Puigdemont está fuera de la legalidad está fuera de toda duda”. Por lo que “se tendría que haber actuado mucho antes”.

En este sentido, definen lo visto ayer en el Parlamento de Cataluña por parte de los golpistas como “otra burla más al Estado de Derecho, como todo el proceso que estamos viviendo: un cúmulo de mentiras, maniobras e ilegalidades que forman parte de una misma estrategia y que no tienen otro objetivo que lograr finalmente la independencia de Cataluña”. Un objetivo para lo que necesitan, según las palabras de Maneiro, “presentarse como víctimas para tratar de lograr el apoyo internacional”.

En esta línea, desde Plataforma Ahora recuerdan que “Puigdemont y sus compañeros de viaje a ninguna parte acumulan, a esta hora, una larga lista de ilegalidades cometidas que no pueden quedar impunes”. La última, tal y como señalan desde Ahora, “declarar la independencia unilateral de Cataluña y a continuación pedir al Parlamento de Cataluña suspender sus efectos, sin que el Parlamento tuviera oportunidad de votar nada”. Al hilo de esto, apuntan que “sus loas al diálogo y a la negociación son otra enorme burla a la democracia, dado que el diálogo debe darse dentro de la ley y respetando los procedimientos establecidos y, desde luego, no con los golpistas: a estos se les detiene, no se habla con ellos”.

Por todo esto, el portavoz de Plataforma Ahora, Gorka Maneiro, se ha mostrado tajante y ha reiterado su petición a gobierno, partidos políticos y opinión pública que “no se dejen engañar por los golpistas”, a lo que añadía que “estos tienen una estrategia perfectamente diseñada”. Por lo tanto, “la obligación de los demócratas es pararla”.

Por último, desde Plataforma Ahora consideran que “Puigdemont y cómplices están actuando del mismo modo que en Eslovenia: declarar la independencia y suspender los efectos transitoriamente, con el objetivo de amortiguar el impacto emocional de los catalanes no separatistas y de al menos parte del resto de los españoles”. Y en esa línea, advierten que “España no es la antigua Yugoslavia y los demócratas no vamos a tolerar que la Generalitat nos quiera abocar al abismo en sus delirios secesionistas”.

 

 

 

11 Oct 17

Cataluña: la tentación (del) capital

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Crecen las voces sobre la conveniencia de ser flexibles con el independentismo catalán. A la consabida amalgama de supremacistas identitarios y presuntos izquierdistas arrodillados intelectual y políticamente ante el proyecto xenófobo del nacionalismo, se suman ahora variopintas voces de las altas esferas económicas con la intención, poco velada, de buscar un espacio propicio para el enjuague en marcha. Un enjuague, huelga decirlo, contra la igualdad de todos los ciudadanos españoles.

Desde la patronal catalana y algunos prohombres de las finanzas de Madrid, pasando por el Ministro de Economía, hasta la financiera JP Morgan y algún bien relacionado fundamentalista de mercado, oráculo de la desregulación y el ultraliberalismo, todos al unísono, con uno u otro perfil, vienen a coincidir en lo esencial: la solución pasa por una componenda con los nacionalistas catalanes.

Bien pensado, algunos liberales económicos no dejan de ser consecuentes con su catecismo: sienten aversión hacia la idea de Estado, en tanto que espacio político de decisión conjunta, reglado y tendente a la justicia y la distribución solidaria entre el conjunto de sus conciudadanos. Para el fundamentalismo de mercado, semejante realidad es una injerencia en su idealizada libertad natural, la característica del estado de naturaleza, sin límites para cualquier ejercicio individual… atropellos y arbitrariedades incluidos. Por tanto, el desmembramiento de los Estados y su sustitución por pequeños clubes privados de libre adhesión individual es visto con simpatía por los más dogmáticos de esos dominios ideológicos, sustentados doctrinalmente en la defensa integral de la secesión operada en el vacío, que autores como Hayek o Von Mises sostuvieron con fruición. Otras voces, menos enraizadas en la procelosa teoría, y más interesadas en la praxis del negocio (de su negocio privado), sueñan con una Arcadia feliz: una Cataluña fértil para las deslocalizaciones y los lucrativos enriquecimientos personales, con fiscalidades domesticadas al servicio de los intereses de unos pocos. Por último, un tercer grupo, más taimado, el de los apaciguadores profesionales, conscientes de las dramáticas consecuencias que para las grandes transacciones comerciales tendría la ruptura, pero más preocupados por la dádiva anestésica que por la ardua labor de batallar a favor de la ciudadanía y la igualdad, se muestran partidarios de poner encima de la mesa un pacto fiscal a la vasca para Cataluña. Consistiría en instaurar una vez más una suerte de redistribución inversa, en la que los más débiles del país contribuyan, a través de la degradación de sus servicios sociales y el recorte agravado de sus derechos, a blindar los intereses insaciables de las oligarquías más privilegiadas.

Pensar que esas voces, que reverberan con fuerza desde diversos altavoces del capital, son espontáneas y carecen de interrelación me parece, cuando menos, profundamente naif. Puede que su coordinación no sea explícita pero comparten un indudable denominador común ideológico: el desprecio a la idea de Estado, y al propio Estado como vehículo de igualdad. Al romperse el espacio político compartido – bien público por excelencia -, barruntan algunos, los límites para el mercado serán menores. No parece una ecuación difícil de descifrar: a mayor atomización de los espacios públicos, menor posibilidad de controlar los abusos y atropellos del mercado, o de revertir sus disfuncionalidades e injusticias.

No me cabe la menor duda de que, al son de estos cantos de sirena, se está cocinando a fuego lento un apaño para anestesiar el “prusés”, y lograr su aletargamiento durante un breve lapso temporal. Así de miope es el cortoplacismo de algunos. Saben que la moneda de cambio a pagar, si bien onerosa, no recaerá sobre sus espaldas: no temen el incremento de las desigualdades entre CCAA, ni el crecimiento en la brecha de asimetrías territoriales sangrante ya en nuestro país, y menos aún les importa si todo esto se soluciona con una merma de derechos de una parte de los ciudadanos españoles, ya acostumbrados, en fin, a los agravios de toda clase, vía derechos históricos y regímenes fiscales privilegiados. A las élites económicas y sus satélites de diversa índole nunca les ha interesado un discurso jacobino, de igualdad y ciudadanía compartida, que combata al nacionalismo sin complejos, en la vanguardia ideológica. Nunca les ha interesado una reforma constitucional que acabe con la tan loada competencia fiscal entre regiones, y recupere competencias para el Estado en temas fundamentales para vertebrar la igualdad de todos como la sanidad o la educación. Prefieren ocuparse y preocuparse de sus intereses privados, y tan comprensivos como suelen mostrarse con los recortes sociales, pueden llegar a serlo en un momento determinado con el recorte del país. Pues no otra cosa que recortar el país supone e implica aumentar la brecha de las desigualdades entre españoles, y en especial entre débiles y poderosos.

Mientras se amasa la componenda, y el pastel del apaño fiscal va tomando forma por momentos, la izquierda oficial sigue a lo suyo. Totalmente ciega, voluntariamente ciega ante la impostura de querer hacer pasar esta ruptura supremacista e identitaria por una revolución transformadora. Extraviada y sumisa ante el nacionalismo reaccionario – valga la redundancia – permanece silente ante el tenebroso proyecto de levantar una frontera entre conciudadanos. Entre trabajadores. Para aumentar aún más la brecha de las desigualdades sociales; para hacer irreversiblemente inviable cualquier proceso de redistribución de la riqueza entre los de arriba y los de abajo. Cómplice, cuando no cooperadora necesaria, de un proyecto anti-igualitario, rabiosamente reñido con las bases más irrenunciables de la izquierda: el internacionalismo, la solidaridad, la fraternidad, la igualdad. Echando al olvido, con saña, a Rosa Luxemburgo, más próximos al supremacismo etnicista de unos y al fundamentalismo individualista de los Von Mises y compañía, con el que fantasean otros. En hedionda pinza contra la ciudadanía universal, contra el Estado democrático e identitariamente laico que es España, garantía de convivencia y derechos iguales. Y, por todo ello, sepulcralmente silente ante la tentación capital de algunos de ofertar la igualdad de todos como moneda de cambio para adormecer el chantaje nacionalista. Hasta su nuevo brote.

“¡A la calle! Que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo” escribió Gabriel Celaya. Es hora, en efecto, de que la izquierda internacionalista, igualitaria, comprometida con la ciudadanía y la igualdad de todos, abandone el papel minúsculo y testimonial que determinados poderes fácticos le tienen reservado, para comodidad y alivio de demasiados. No se trata de temer, acomplejada y vergonzantemente, coincidencias con el PP en la defensa del Estado de Derecho – como si el medidor de izquierdismo fuera el pueril y automático distanciamiento de “los fachas”; como si, en última instancia, hubiera algo más facha que el intento de convertir a millones de personas en extranjeros en su país- . Se trata de abanderar, en la vanguardia ideológica y sin concesiones, la defensa de la igualdad de todos los ciudadanos. Se trata de reivindicar el Estado como espacio público compartido, no sujeto a ningún proceso de privatización. Se trata de ejercitar el derecho a decidir de verdad: el que nos corresponde a todos, en tanto que conciudadanos españoles. Se trata, en fin, de preservar la unidad de ciudadanos libres e iguales, integralmente laica, donde cada uno sienta lo que le dé la gana, pero nadie esté facultado para secuestrar la ciudadanía de nadie.

Así, cuando más temprano que tarde determinadas voces nos presenten su proyecto de capitulación, consistente en conceder más privilegios a los privilegiados y menos derechos para el resto de ciudadanos, será imprescindible que sepamos responder convincentemente. Alzando una nítida voz, firme, serena, cívica y jacobina, de punta a punta de España, para, en palabras de Primo Levi, ejercitar la última facultad que nos queda: “la de negar nuestro consentimiento”.

Autor: Guillermo del Valle

Fuente:http://guillermodelvalle.es/cataluna-la-tentacion-del-capital

10 Oct 17

Con una ley electoral justa, el parlamento catalán hoy tendría una mayoría distinta.

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En las últimas elecciones, la suma de voto de JxSí y CUP era de un 47% y, sin embargo, el reparto según la ley electoral general les otorgó un 53% de escaños y mayoría absoluta en el Parlamento catalán.

Situaciones como ésta podrían quedar resueltas con las propuestas que presentará la Plataforma por un voto igual este martes por la mañana en el Congreso de los Diputados a distintos vocales de la subcomisión por la reforma de la ley electoral, dentro de la ronda de contactos que tienen preparada dicha plataforma.

Estas propuestas están plasmadas en un documento firmado por Escaños en Blanco, SAIn, UPyD, Partido Pirata, P-LIB y la Plataforma Ahora, que incluye un novedoso sistema de reparto para conseguir un reparto proporcional de escaños sin necesidad de cambiar la Constitución. Lo hace teniendo en cuenta todos los votos emitidos, incluso aunque dichos votos no consigan escaño. Además, en el Senado plantea limitar a dos los candidatos que puede presentar cada partido para evitar las falsas mayorías absolutas que se producen actualmente en la “Cámara Alta”.

Según el sistema “Reparto justo” propuesto por Plataforma por un voto igual, a JxSí y CUP les habría correspondido un 49,6% de los escaños del Parlamento, un reparto mucho más ajustado al reparto de votos y por lo tanto a la voluntad real de los votantes catalanes y sin mayoría suficiente para aprobar la ley del referéndum.

Otro ejemplo serían las elecciones generales de 2011, en las que el PP obtuvo un 44% de voto y el reparto de la LOREG le asignó un 53% de escaños.

Otras de las propuestas presentadas son la eliminación de la exigencia de firmas a las candidaturas para acceder a las elecciones, envío de un único sobre al censo de publicidad electoral, eliminación del voto rogado, eliminación total de la barrera electoral del 3% y la representación del voto en blanco con escaños vacíos.

Conseguir una ley electoral más justa y realmente proporcional, evitaría parte del creciente desprestigio de la política y el distanciamiento de la ciudadanía, profundizaría en una mayor democracia y evitaría falsas mayorías como ocurre actualmente.

 

La plataforma Ahora se suma a la petición de Reforma de la ley electoral, Partido por un voto igual y firma la petición de reforma de Ley electoral

Contacto: comunicacion@reformaleyelectoral.org

twitter: @reformaLOREG

10 Oct 17

URQUINAONA O LA ECLOSIÓN CÍVICA

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El 8 de octubre de 2017 será para siempre un día clave de la Historia de España. Será sin duda recordado como el día en que eclosionó la gran rebelión cívica de esa mayoría silenciosa, tanto tiempo postrada en Cataluña. Cierto es que han sido varias las voces valientes que, durante los últimos años e incluso décadas, osaron alzarse frente al clima opresivo y delator del nacionalismo, pero no recordamos un ejercicio democrático tan sobresaliente como el de ayer, en el que una multitud de ciudadanos valientes tomaron partido, inequívocamente, por la democracia y la libertad, por un futuro de convivencia sin fronteras ni rupturas.

Desde todas partes de España, y, sobre todo, desde cada rincón de Cataluña, acudieron ciudadanos de signo ideológico plural y diverso para dar testimonio pleno de que Cataluña no es un sol poble, uniformizado y homogéneo como sueñan los fanáticos de la identidad. Para su disgusto, se volvió a demostrar que la sociedad catalana, al igual que el resto de la sociedad española, es felizmente mestiza. Mestiza y plural, conformada por un crisol de opciones identitarias libremente configuradas a partir de los cimientos cívicos que hacen posible la convivencia pacífica y en libertad de todas esas alternativas. Para disgusto, e incluso desesperación, de los que fantasean con una Cataluña en blanco y negro, que desfile al son de Els Segadors, caminando sobre las sombras de una Historia tergiversada, al dictado de una única voz y unívoco sectarismo, editorializando en conjunto y repitiendo proclamas al unísono, claramente fracturada entre los “de aquí” y los de “fuera”, aquéllos que, por discrepar, son forzados a la inaceptable condición de extranjeros en su propio país.

Diametralmente alejados de esa construcción artificial, forzada y opresiva, los cientos de miles de ciudadanos que inundaron las calles de Barcelona ayer lo hicieron de manera ejemplarmente cívica, alérgica a toda vindicación tribal y nacionalista, con el alivio, la alegría y hasta la necesidad, fácilmente perceptible, de salir masivamente del armario, dejando atrás todos los complejos pasados que tanto han lastrado la resistencia constitucionalista frente a la opresiva y artificial hegemonía nacionalista.

Los ciudadanos españoles que salieron a las calles de Barcelona no lo hicieron para contraponer ninguna quintaesencia españolista frente a una quintaesencia identitaria de signo pretendidamente contrario. Nada más lejos de la realidad, a pesar de las maniqueas y cada vez más ridículas manipulaciones de algunos. Quienes ayer salieron a la calle, ya fueran socialistas, liberales o conservadores – demócratas, en fin, de todas las condiciones ideológicasreivindicaron, en primer lugar, la calle como espacio público que no puede ser patrimonio exclusivo de nadie. Tampoco de los nacionalistas. Ésa fue la primera lección cívica para la posteridad: la calle no es vuestra, ni tampoco pertenece a vuestro mantra identitario. El ficticio derecho de propiedad que durante demasiados años habéis ejercido sobre la misma llegó ayer a su fin. La calle, lo público, en democracia, nos corresponde a todos los ciudadanos y no vamos a permitir que nadie privatice jamás ese espacio político. Aprendan ya la lección; no la olviden nunca.

La segunda lección cívica que brotó ayer de las calles de Barcelona, de Cataluña, de España, fue el clamoroso compromiso democrático de una mayoría amplia de ciudadanos. Bastante hemos sufrido en este país para construir, por encima de renuncias, frustraciones y derrotas, un sistema democrático que garantiza los iguales derechos y libertades de todos, como para permitir su irresponsable harakiri. Nuestro sistema de convivencia se asienta sobre un entramado institucional representativo y un conjunto de leyes, otorgadas entre todos, que consagran derechos y evitan cualquier ejercicio arbitrario y despótico del poder. Por supuesto que las leyes pueden cambiarse, pero única y exclusivamente por los procedimiento previstos en las mismas, y siempre entre todos los ciudadanos, no por la coacción unilateral de unos pocos. Fuera de las leyes que proscriben las arbitrariedades y abusos, no hay democracia. Derogar discrecionalmente la ley democrática en un Estado de Derecho no es una cuestión accesoria o susceptible de transacción alguna; es un ejercicio de violencia inaceptable que altera la convivencia pacífica del conjunto de ciudadanos. Supone la subversión inaceptable de la civilización, el forzado regreso a un mundo de cartas marcadas a perpetuidad, donde siempre se impone la arbitraria voluntad del más fuerte.

La tercera enseñanza de ciudadanía que nos brindó ayer una multitud inconmensurable de españoles valientes, sin miedo ni complejos, es que todos, todos sin excepción, queremos decidir sobre nuestro futuro en pie de igualdad. Lo que nunca vamos a aceptar es que unos cuantos individuos se apropien indebidamente de nuestra ciudadanía, de nuestros derechos, que no emanan de la meva terra – como proclamaba algún rudimentario y solitario graffiti, hagiografía de un mundo felizmente superado, el de los estamentos y los privilegios – sino de la pertenencia igual, en tanto que ciudadanos, a la comunidad política constitucionalmente vigente, democrática. La ruptura de esa comunidad política de conciudadanos libres e iguales es tanto o más costosa que la ruptura del orden constitucional democrático. Esgrimir razones identitarias para ejercitar el pretendido derecho a romper dicha comunidad es completamente inaceptable. Todos tenemos derecho a construir libremente nuestras opciones identitarias, pero ninguna persona o grupo tiene derecho a secuestrar nuestros derechos si no participamos de la identidad oficial. En ese arbitrario proceso de apropiación indebida de nuestra ciudadanía, sin eufemismos justificadores, se traduce el proyecto nacionalista.

Ahora que el silencio ha quedado definitivamente atrás, que los ciudadanos de pleno derecho han gritado cívica y pacíficamente que no negociarán jamás su condición de ciudadanos, es hora de que se pueda capitalizar políticamente esta eclosión cívica. Es hora de traducir políticamente los hermosos versos de Gabriel Celaya: “No reniego de mi origen/ pero digo que seremos/ mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo”.

De un comienzo: del comienzo de una verdadera alternativa moderna, laica, democrática, cosmopolita y universalista, que abogue por una comunidad, ampliable y no fragmentable, de ciudadanos libres e iguales, frente al proyecto regresivo y reaccionario del nacionalismo. Desde la izquierda cívica, Plataforma Ahora quiere mostrar una vez más su inequívoco compromiso con dicha alternativa.

10 Oct 17

Un antes y un después

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Los catalanes que permanecían callados han hablado. Este domingo salieron a la calle contra las mentiras y engaños, contra los que subvierten la democracia y el derecho, contra los que quieren separarnos de España y de Europa

Al final de la manifestación de este domingo en Barcelona, que superó las previsiones de los más optimistas, una pregunta rondaba en todas las conversaciones: ¿esta masiva asistencia significa un antes y un después en la política catalana?

En los próximos días, semanas o meses, se podrá contestar con fundamento a esa pregunta. En todo caso, los catalanes callados han hablado, ya no podrá la prensa extranjera —o nuestros nacionalistas locales— hablar de “los catalanes” como un bloque unitario frente a España. Cataluña es plural, hay muchas Cataluñas, como sucede también en España, o en Francia, Italia, Alemania y la mayoría de los demás países europeos. No somos distintos de ellos. Los conflictos, normales en toda sociedad, no son entre países, o entre naciones, sino entre ciudadanos. El Estado de derecho, a través de la democracia, es el cauce normal para resolverlos.

El éxito de asistencia en la manifestación no se puede explicar sin lo sucedido en semanas anteriores, desde finales de agosto. Se dice desde hace tiempo que el llamado procés está generando un hartazgo en buena parte de la población catalana y en la mayoría de la española. Es cierto. Pero al hartazgo se le ha sumado en los últimos tiempos la indignación, indignación ante las mentiras del independentismo, el abierto desafío al Estado de derecho y, finalmente, en los últimos días ha sido bien visible, el peligroso precipicio al que nos estamos acercando con temeridad.

El decálogo de mentiras del independentismo fue objeto de un extraordinario reportaje en EL PAÍS, hace un par de semanas, escrito por José Ignacio Torreblanca y Xavier Vidal-Folch. Desde hace años se repiten estas mentiras, día sí y día también, por políticos y periodistas nacionalistas. Ya puedes rebatirlas con datos y argumentos que, imperturbables, las siguen manteniendo. Cuando estos días recibía visitas o llamadas telefónicas de periodistas extranjeros para que les informara de lo que sucede en Cataluña, les remitía inmediatamente a este reportaje: sintéticamente allí está todo. Léanlo si no lo hicieron en su momento.

El desafío al Estado de derecho, mejor dicho la vulneración sin complejos de la Constitución, el propio Estatuto de autonomía y el resto del ordenamiento jurídico, viene de años, comenzó con la campaña de descrédito al Tribunal Constitucional tras la sentencia del vigente Estatuto. Entonces se contrapuso la democracia al derecho, algo tan peligroso que ha dado lugar a las más conocidas dictaduras europeas del siglo XX y que genéricamente ha sido llamado fascismo

Pero en septiembre pasado, durante los días 6 y 7, el Parlamento de Cataluña fue el escenario de la bochornosa aprobación, sin debate alguno, de dos leyes que prescindían sin tapujos del marco legal vigente. Dos leyes que prepararon el simulacro de referéndum del pasado día 1 de octubre y sus consecuencias, precedido todo ello por la deslealtad del jefe de los Mossos, el mayor Josep Lluís Trapero, que incumplió un mandato judicial y dio lugar a una campaña de desinformación cuidadosamente preparada por el Govern de Carles Puigdemont, las redes sociales controladas por las entidades independentistas y los medios de comunicación públicos de la Generalitat o los privados alimentados con sus generosas subvenciones. Las mentiras han sido demasiadas y al final muchos catalanes han decidido salir a la calle porque ya era hora de denunciarlas.

Pero también contribuyeron a esta salida masiva a las calles de Barcelona otros dos hechos sucedidos la semana pasada que marcaron un importante punto de inflexión.

En primer lugar, el discurso real. Con rostro grave y severo, en poco más de seis minutos, el rey Felipe VI fue contundente. Dijo primero que, antes de nada, y previamente a todo, era imprescindible el restablecimiento del orden constitucional en Cataluña. Con ello constataba que ese orden constitucional había sido gravemente conculcado. En segundo lugar, el Rey no hizo ninguna referencia al diálogo ni a la negociación, tan común a todos sus discursos sobre Cataluña. Significado general de sus palabras: sin el respeto a la autoridad del Estado no es legítimo plantear demanda alguna. Como colofón, comunicaba solemnemente a los españoles que mantuvieran la confianza en la Constitución, las leyes y la democracia, en definitiva, a nuestro Estado de derecho.

Al día siguiente, Puigdemont expresó su disconformidad con el Rey, de quien dijo que había renunciado a su papel constitucional de mediador. Sin duda, el discurso del Rey había surtido efecto y el vértigo ante su incierto futuro empezaba a aflorar en las filas independentistas. ¿Cuál debía ser el paso siguiente? ¿La declaración unilateral de independencia, la famosa DUI? Y después de la declaración, un acto de pura retórica, ¿se habrían constituido en el tan anhelado Estado propio? Tras la euforia de la jornada del domingo, empezó el miedo y la decepción.

El aldabonazo final sobrevino el jueves. El Banco Sabadell anunciaba el traslado de su sede corporativa a Alicante. Le siguieron, entre otras empresas, CaixaBank y Gas Natural, y amenazan con seguir el ejemplo Freixenet, Codorniu y Planeta. Huida masiva contra el pronóstico de ilustres economistas, ahora sumidos en el ridículo. A los empresarios les asusta la independencia, a los trabajadores también. Esto fue definitivo para que todos salieran a la calle: contra las mentiras y engaños, contra los que subvierten la democracia y el derecho, contra los que quieren separarnos de España y de Europa.

En este punto, empezaron a surgir como setas, tristes y ridículos, los mediadores. ¿Mediadores entre quiénes? ¿Cuáles son las partes? No estamos en Colombia, ni en Oriente Próximo. Aquí el problema es de lealtad a las leyes por parte de la Generalitat y no de conflicto de intereses entre Cataluña y España. La prueba está en que grandes y medianas empresas huyen de Cataluña porque sus intereses no los defiende la Generalitat sino un Estado que permanece y seguirá permaneciendo en la Unión Europea. Mediar hoy sería salvar a los culpables de haber llevado a Cataluña a una tristísima situación por haber estimulado las bajas pasiones y olvidar la razón.

Los hasta ahora callados han hablado, saliendo a la calle, tras tantas provocaciones, ante el riesgo cierto de empobrecerse, ante la descarada vulneración de las leyes que ponen en peligro su seguridad. En fin, ante tantas mentiras. ¿Ello significa que las causas de la afluencia a la manifestación significan un antes y un después en Cataluña? Esperemos que así sea. Después de tanta irresponsabilidad, de actuar con tan poco fundamento, a los independentistas, como es lógico, empiezan a temblarles las piernas.

Autor:Francesc de Carreras

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/10/08/opinion/1507483102_323810.html?id_externo_rsoc=TW_CC

9 Oct 17

Manifestación histórica: condición necesaria pero no suficiente

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Consecuencia del golpe contra la democracia dado, a cámara lenta, por los independentistas en Cataluña, conocemos más a nuestros dirigentes, a nuestros líderes, a nuestros partidos políticos… y a nosotros mismos. Sabemos dónde ha estado cada uno y cómo ha reaccionado. Y tomamos nota. A los nacionalistas, contra quienes veníamos alertando, algunos ya los conocíamos: el nacionalismo es responsable de dos guerras mundiales, esa ideología profundamente reaccionaria que socava la convivencia y termina enfrentando a ciudadanos contra ciudadanos.

La manifestación de hoy en Barcelona en defensa de la unidad cívica de España, la Constitución Española y la democracia ha sido multitudinaria, esa oportunidad inolvidable para pasearnos el cuerpo, mostrando que vivimos y que somos ciudadanos libres, a pesar de los golpistas que nos enfrentan y amargan por momentos la existencia. La manifestación me ha recordado a las que sucedieron al secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA: tras el silencio y la rabia acumulada durante años en Euskadi, vino el grito que deja de ser silencioso para convertirse casi en euforia que precede a la victoria definitiva.

Pero no basta con esta expresión extraordinaria de compromiso político y civismo que hoy hemos visto: porque salir del armario, alzar la voz y manifestarse es condición necesaria pero no suficiente para ganar la batalla al nacionalismo. Necesitamos además líderes políticos, mediáticos y de todo tipo que estén a la altura de las circunstancias.

Necesitamos dirigentes políticos que hagan pedagogía política y democrática en defensa de la unidad cívica de España y que expliquen con argumentos que no hay cosa más reaccionaria que cualquier nacionalismo; que es mejor unir que separar, derribar fronteras que levantarlas y vivir juntos que separados; que se trata de ampliar los espacios de convivencia, no de achicarlos, y de extender nuestro perímetro de ciudadanía, no de estrecharlo. Y que defender la unidad cívica de España frente a los independentistas que pretenden romperla es profundamente progresista.

Necesitamos líderes políticos y mediáticos que expliquen que el derecho a decidir nos corresponde a todos los ciudadanos… y que lo que los nacionalistas pretenden es impedir que todos podamos decidir sobre lo que a todos nos atañe: porque el modelo territorial del Estado, la posible modificación de la Constitución Española o el futuro del país… lo decidimos entre todos. Necesitamos dirigentes que antepongan el interés general al de su partido político concreto y que nos recuerden que el diálogo democrático se desarrolla en los parlamentos y entre demócratas, nunca con golpistas que se saltan la legalidad y vulneran el Estado de Derecho; porque no hay mejor medida política en estas circunstancias que cumplir y hacer cumplir la ley común que garantiza nuestros derechos.

Necesitamos urgentemente líderes que nos expliquen que no hay democracia sin respeto a la ley y que cualquier ley y también la Constitución Española pueden cambiarse… pero a través de los procedimientos legales establecidos, sin atajos, trampas o subterfugios. Y que lo que hagamos debe hacerse para garantizar más igualdad y más bienestar para todos, no para contentar a quienes viven del cuento de estar eternamente descontentos. Que con los golpistas no se dialoga sino que se les persigue judicialmente y se les detiene.

Hoy ha sido un día extraordinario porque miles de personas nos hemos echado a la calle para expresarnos libremente, que es, por cierto, la mejor forma de reivindicar la libertad de expresión: hacerlo sin pedir permiso a nadie. Pero no nos confiemos. Una manifestación como la de hoy era condición necesaria pero no es condición suficiente para ganar al nacionalismo y su pretensión de dividirnos y hacer volar por los aires nuestro modelo de convivencia. No bajemos la guardia. Necesitamos dirigentes políticos y líderes de opinión que estén a la altura de las circunstancias en este momento histórico. Nos jugamos todo.

Autor: Gorka Maneiro

Fuente:https://www.elcatalan.es/manifestacion-historica-condicion-necesaria-no-suficiente/

3 Oct 17

Plataforma Ahora pide al Gobierno de España y a los partidos democráticos que descarten negociar con los golpistas

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03 de octubre de 2017– Después de lo vivido el pasado domingo en Cataluña, Plataforma Ahora ha querido mostrar su postura y en este sentido hace un llamamiento al Gobierno de España y a todos los partidos demócratas para que descarten negociar con los golpistas. En esta línea, el portavoz de la plataforma, Gorka Maneiro, recuerda que “con los que incumplen la ley y la Constitución Española no se dialoga sino que se les detiene”. Por tanto, deja claro que “rechazamos nuevas componendas con los nacionalistas” y advierte que “el camino no es volver a ceder ante sus pretensiones sino defender el interés general y la unidad cívica de España frente a quienes quieren romperla”.

Al hilo de esto, Maneiro recuerda que “durante largos años, tanto los gobiernos de la nación como los principales partidos políticos, en lugar de hacer pedagogía política y democrática en defensa de la unidad y del interés general, les han dado al menos en parte la razón a los separatistas, han asumido parte de sus tesis, han cedido ante sus pretensiones y han mirado hacia otro lado ante sus excesos e ilegalidades”. Ante esta situación, argumenta que “el Estado tendría que haber estado presente en Cataluña, en lugar de ausentarse y bajar los brazos durante largos años”.

Por todo esto, desde Plataforma Ahora han calificado el supuesto referéndum del domingo como una “mascarada” y recuerdan que “los nacionalistas pretenden declarar la independencia de Cataluña y la ruptura de España con el voto emitido por menos de la mitad de catalanes en una consulta claramente contraria al ordenamiento jurídico, ilegal e inconstitucional, celebrada sin garantías democráticas y claramente fraudulenta”.

Asimismo, apuntan que “es indispensable recuperar la unidad democrática y el orden constitucional”, a la vez que es necesario “descartar cualquier diálogo con los golpistas, proteger a los ciudadanos que hoy se sienten abandonados y cumplir y hacer cumplir la legalidad vigente”. Además, añaden que “no se puede romper la comunidad política” y piden “enarbolar un discurso progresista en defensa de la unidad cívica de España, la igualdad, el republicanismo cívico, el laicismo identitario, los derechos de ciudadanía y el interés general”.

 

 

 

 

1 Oct 17

La directora que desafió a Artur Mas el 9-N: “Hay más miedo a los separatistas que a los jueces”

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Dolores Agenjo se ha convertido en todo un icono de la lucha contra el nacionalismo catalán. El 9 de noviembre de 2014 se negó a entregar las llaves de su centro de enseñanza para la celebración del referéndum impulsado por Artur Mas. OKDIARIO ha estado con la ex profesora para conocer de primera mano cómo fue su experiencia tras el 9-N y tras formar parte de los testigos que denunciaron en juicio la orden que la Generalitat impuso a los miembros de los centros educativos.

¿Cómo ve la enseñanza en Cataluña ahora mismo?

La educación en Cataluña es el resultado de lo que se ha hecho durante más de 30 años, basado en el adoctrinamiento y fundamentada en la inmersión lingüística. Se ha conseguido una juventud penetrada por las ideas nacionalistas.

Hoy la consejera de Enseñanza de la Generalitat, Clara Ponsatí, enviaba una carta a los directores de los colegios en la que se asumía las funciones de los directores de colegios y responsables de centros cívicos con el objetivo de eximirles de responsabilidad ¿Cuál es su opinión acerca de esto?

Era lo que se esperaba. Desde un principio se veía venir. Ahora es la directora  de todos los centros y no se va a dejar asustar por las posibles consecuencias penales. Ahora ya es muy tarde. Desde que esta mujer hizo declaraciones clarísimas de que iba a abrir todos los centros se le tenía que haber inhabilitado.

¿Cuál cree que podría ser la consecuencia más grave de ello?

Los directores, que los hay, que han decidido no abrir los centros si son destituidos… ya no son directores. Ella que asume el rango de directora les dice “entrégame las llaves porque yo soy la directora” y van a tener que hacerlo… Han dejado a los directores indefensos. En general, los catalanes temen más las represalias de la Generalidad y los nacionalistas que a los jueces, fiscales y que al gobierno de España.

A nivel personal ¿Qué ocurrió después de ese 9-N cuando usted se niega a entregar las llaves?

Me jubilé a los  dos meses y nos les dio tiempo a tomar ninguna medida contra mi. Estoy convencida de que, de haber podido, lo hubiesen hecho. Lo sé porque hubo otro director que no entregó las llaves que me contó que lo estaba pasando muy mal. De manera indirecta el departamento de enseñanza estaba acosándolo, buscando formas para socavar su autoridad y poner a los miembros de la comunidad educativa en su contra.

¿Hay miedo en las aulas?

Sí. Hay miedo incluso entre los alumnos. Los padres cuentan que sus hijos no se atreven a no ir a la huelga por miedo a ser señalados por los compañeros. Se ha llegado a un extremo que el nacionalismo lo domina todo, tiene el poder efectivo de la sociedad. Si no se les impide contundentemente, ellos cumplirán  su propósito. El Gobierno ha creído  ingenuamente que con multas y amenazas… pero no se da cuenta de que está tratando con fanáticos.

¿Ha recibido algún tipo de insulto o amenaza durante estos años?

Muchas. Sobre todo a raíz del 9-N y mi declaración como testigo en el juicio contra Artur Mas. Me han llegado a amenazar de muerte. Me han llamado de todo: asquerosa, bruja, subnormal, retrasada, monstruo… Me han dicho que ojalá me diese un cáncer y que si me encontraban en la calle me iba a enterar.

¿Animaría a aquellas personas que no están de acuerdo con la independencia y el referéndum a plantar cara?

Yo siempre les animo. Lo que pasa es que la gente, si no hay nadie que la es movilice, no sale espontáneamente a manifestarse. El nacionalismo es un movimiento de origen burgués, está alentado por la casta catalana y va en contra de los intereses de los trabajadores. Por eso me extraña mucho que los partidos de izquierda se hayan sometido al ideario nacionalista. Desde plataforma Ahora y otras organizaciones de izquierda, defendemos una sociedad basada en los derechos cívicos, no en derechos territoriales, que es algo casi feudal.

Autor: Raquel Tejero

Fuente: https://okdiario.com/espana/2017/09/30/directora-desafio-artur-mas-9-n-mas-miedo-separatistas-jueces-1366616

30 Sep 17

“Se han acostumbrado a escupir sobre el resto de españoles”

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A Félix Ovejero (Barcelona, 1957) le desespera tener que desmontar continuamente las mentiras del nacionalismo pero no son tiempos estos para ponerse de perfil. El pensador aún cree que una izquierda anti independentista es posible en España y responsabiliza al PSOE y Podemos de transigir con el nacionalismo, la forma superlativa de xenofobia.

 

¡Qué aburrimiento esto de Cataluña!

 

Fíjese. Sí, ojalá pudiéramos estar hablando de poesía. Pero todo parece conducir a lo mismo. Y es obligado no ponernos de perfil. De eso iba, en el fondo, El compromiso del creador, mi penúltimo libro, de la obligación de no ignorar los retos y de mirarlos con afán de verdad.

 

¿Qué es lo que no se ha querido hacer aquí?

 

El problema en Cataluña es que nos enfrentamos a una ideología, el nacionalismo, profundamente reaccionario y que se debería combatir como el machismo o el racismo. Y no importa que lo defienda una persona o un millón. Eso no lo hace mejor. En virtud de que participamos de un rasgo étnico o cultural, tenemos unos derechos que negamos a los demás. Para empezar la condición de ciudadano. La idea de que se pueda levantar una frontera y convertir a tu conciudadano en extranjero es, se mire como se mire, una forma superlativa de xenofobia.

 

Hombre, si el elemento común de una identidad es la lengua entonces los cientos de millones de personas que hablamos español tendríamos una nación.

 

¡Claro! Pero piense que usted vive en Madrid y yo en Barcelona y tenemos más que ver con alguien que vive en París o en Nueva York que con un campesino del valle de Arán o de Limoncito, en Bolivia. La identidad sostenida en la lengua es una patraña incompatible con la buena ciencia. Sin olvidar, claro, que la lengua común y ampliamente mayoritaria de los catalanes es el español.

 

Siempre se habla de una mayoría silenciosa frente al nacionalismo. ¿Por qué no se manifiesta?

 

En un artículo de 1996 llamado Mentiras públicas, verdades privadas expliqué siguiendo a Timur Kuran que si estás escuchando a algo que parece que una mayoría sostiene aunque sea una patraña, o te callas o reajustas tus preferencias al gusto del grupo. Mi esperanza es que de ese 10% de discrepantes públicos pasemos al 30%. A partir de ahí el coste de la discrepancia empieza a disminuir y otros se suman para recordar que el rey está desnudo.

 

Usted culpa a la izquierda.

 

La izquierda, por diversas circunstancias, parece arrogarse la autoridad moral para determinar si una causa es noble y ha validado el nacionalismo. No se dan cuenta que no hay ninguna diferencia conceptual entre que unos cuantos catalanes decidan que se marchan con lo que es de todos, una parte del territorio político, a que por ejemplo, los españoles decidamos no contar con Extremadura porque son más pobres. No hay nada más comunista que el territorio político en el que todo es de todos sin que nadie sea dueño en particular de nada. Es sencillamente ser ciudadano, cada uno de nosotros, sea de donde se sea.

 

¿Por qué la izquierda que ha abanderado la lucha contra el machismo, la igualdad de los homosexuales… se muestra tan complaciente con algo tan discriminatorio como el nacionalismo?

 

Eso merece un análisis más detallado. Hay una presencia importante de las élites catalanas en la constitución ideológica de la izquierda que legó el franquismo. No hay que olvidar que durante el franquismo tuvimos una situación privilegiada material y socialmente y ahí germina una cohorte que ocuparía una parte importante de los puestos de decisión. Ha facilitado la extensión de un relato falso. Por ejemplo la izquierda sostiene que la Guerra Civil fue una guerra contra el nacionalismo cuando en Andalucía o Salamanca hubo más personas represaliadas que en el País Vasco… Todos esos mitos son falsos. Y luego la persecución de la identidad. En realidad, el problema, por lo menos a partir de los 60, no era tanto publicar en catalán, como publicar a Marx. Repase premios literarios, revistas…

 

Ese afán de la izquierda por aferrarse a cuestiones como la identidad puede deberse a que la derecha ha ocupado las posiciones socialdemócratas.

 

Desde luego, pero cualquiera que acuda a la izquierda del siglo XIX y la compare con la del XX, se daría cuenta de que estaba comprometida con el racionalismo y con el progreso, es crítica con la religión y las identidades nacionales. Marx tiene en mente la idea de nación que surge de la revolución francesa como un conjunto de ciudadanos que se compromete a defender sus derechos y libertades, y desprecia las naciones sostenidas en la identidad o la etnia. La izquierda, nuestra izquierda, para ser exactos, ha buscado los peores recambios. Por cierto, que el postmodernismo allanó el camino al extender semillas irracionalistas.

 

¿Qué es una nación?

 

En el sentido en el que lo usan los nacionalistas es una noción analíticamente estéril y habría que abandonarla como se hizo con el flogisto. La nación es un concepto que los nacionalistas políticos ponen en circulación para hablar en nombre de ella. Los intentos de definir esa idea colapsan. ¿Qué es? Un conjunto de individuos que tienen en común una característica que es objetiva, cultural, y en ese caso es falsa empíricamente, a poco que precisemos la cultura a la que se apela; o es subjetiva, como individuos que creen que son una nación, en cuyo caso es circular. Claro, siempre es posible encontrar personas que comparten visión del mundo. Y aún más los ricos concentrados territorialmente. Pero nadie consideraría hacer un referéndum para romper la comunidad política.

 

La izquierda ha comprado este identitarismo.

 

Indudablemente. El problema más importante que tenemos es que ahora, gente como Iglesias y Colau hablan de destrozar España cuando hemos conseguido una nación de ciudadanos y de identidades múltiples (por qué es más importante que yo sea catalán que mi identidad de clase, sexual o religión). ¿Por qué volver a la idea de tribus y comunidades que en realidad son encapsulamientos? No son reales empíricamente. En Cataluña no hay más que un 33% que piensa así y que obligan a la mayoría a ahormarse a la supuesta identidad que, lo repito, es una invención.

 

Lo primero que hace la izquierda no nacionalista en sus manifiestos es decir que al menos no son del PP o Ciudadanos. Como si eso fuese una tara.

 

Esa izquierda con la que yo me he sentido afín sufre de una alergia anti PP que no tiene ningún tipo de justificación. La izquierda debería reconocer que el mejor ejemplo de activismo fue el del PP y PSOE en el País Vasco durante los años de plomo. Eso sí que es luchar por las libertades y no lo de Colau.

 

La posición de Colau es poco clara…

 

En Economía existe un concepto que es el coste de oportunidad (una decisión cuesta respecto a la mejor alternativa que se puede tener). Entonces el coste de oportunidad de Colau es cero porque ¿qué hacía antes de ser alcaldesa? Por eso no firma la participación del Ayuntamiento en el referéndum porque puede perderlo todo si la inhabilitan. Le recuerdo que los del PP y PSOE en el País Vasco se jugaban la vida. Por eso, lecciones de democracia al PP, ninguna.

 

El cordón sanitario de la izquierda existe.

 

Claro. El PSOE ha ido cediendo su espacio al PP y ahora lo único que le queda es el nacionalismo. ¿Cómo es posible que en España la izquierda permita que se establezcan barreras por motivos lingüísticos? No se dan cuenta que un médico de Extremadura ya no puede encontrar trabajo en un hospital de Manresa… Claro que para los catalanes nacionalistas es mejor que no venga nadie a desmontarles el chiringuito.

 

¿Sigue siendo de izquierdas?

 

Sí. En los últimos años he entablado relación con los discípulos de Gustavo Bueno y en esos chicos hay esperanza para la izquierda… Es una escuela de pensamiento vertebrado que le da sopas con hondas a la gente de la Complutense, que por cierto es malísima. No me extraña que haya salido de ahí lo que ha salido.

 

¿Y Pedro Sánchez?

 

Es un tipo que es inane, inconsistente. Se le nota en cómo habla, en cómo petardea… Vive del eco.

 

Dicen que la presencia de la Guardia Civil y la Policía Nacional aumenta el número de indepes.

 

Eso es ignorancia. Ha sido un juez que instruía una causa que tenía que ver con el manejo ilegal del censo. Pero la gente no está informada… ¿Acaso se han soliviantado los votantes del PP cuando la policía ha entrado en la sede del partido?

 

Pero la gente parece no estar contenta de que la Guardia Civil…

 

Lo que pasa es que se trata de reconocer una realidad que puede ser tensa. Por eso, las declaraciones de los empresarios me parecen vergonzosas. Dicen que hay que ceder en favor de gente que quiere romper una comunidad. ¿Y por qué no en favor de esa mayoría de catalanes olvidada desde hace años? Algunos políticos catalanes se han acostumbrado a escupir sistemáticamente (diciendo que los españoles son unos gandules que nos roban…) sobre el resto de españoles. Lo raro es que no me den dos hostias cuando digo que soy catalán.

 

Pero los catalanes parecen dispuestos a creerse las mentiras. Y el independentismo ha pasado de un 20% a un 48%…

 

Es propaganda. Todo empezó con las mentiras de las balanzas fiscales que ya se han desmontado en muchas ocasiones. Hay que repetir el mensaje hasta que cale y se revierta la situación.

 

¿Hay miedo a lo que pueda pasar mañana?

 

Esa clase media acostumbrada a venir a manifestarse se va a bajar del burro porque teme que las CUP se vayan a desmadrar. Ese segmento ya estaba menos presente en las últimas diadas… Luego queda esa parte que es Kale Borroka y no hay que olvidar las enseñanzas del País Vasco. Dijeron que si Otegi iba a la cárcel se armaría Troya… Y no pasó nada. Al contrario. La sensación de impunidad hubiera acobardado a los que no estaban con ETA.

 

¿Ha actuado bien Rajoy?

 

Su gran error es haber creído las palabras de tipos que decían que no iba a pasar nada. ¡Es que Pinochet estaba al lado de Allende antes de darle el golpe! ¿Cómo Soraya se ha podido tragar los cuentos que le contara esta gente?

 

Hay gente no independentista que defiende que se celebre un referéndum legal.

 

¿Y aceptar que hay una unidad de decisión legítima? Es como si dijéramos que los varones vamos a votar y que privamos a las mujeres del derecho al voto. Esas cosas son ilegítimas. No se puede votar privar de derechos a los otros. Eso es chantaje.

 

Usted es fundador de Ciudadanos.

 

Aquí en Cataluña son héroes morales. Sí creo que han cometidos dos errores: abandonar la socialdemocracia por un proyecto liberal inconsistente y rebajar la crítica al nacionalismo.

 

¿Qué ha perdido Cataluña en estos años?

 

Civilización, libertad… Ahora Cataluña es más paleta que antes. Después de la Guerra Civil cualquier persona podía llegar a Madrid o Barcelona e integrarse porque a nadie le importaba de dónde venía. El nacionalismo tuvo que construir una identidad asociada al mito de una visión compartida del mundo, vinculada al idioma… Es absurdo. No tienen en cuenta que han intentado construir una nación étnica sobre un cuadro social y demográfico que no responde a esas expectativas porque la mayoría habla castellano.

 

¿Hay hueco para otro partido de izquierdas?

 

En España hay un hueco a la izquierda para un partido que se atreva a decirle a Podemos que han recuperado el carlismo, las comunidades de identidad que son asfixiantes y que además defienden las religiones más reaccionarias. Un nuevo partido debería recuperar un ideario muy sencillo. Igualdad y eficacia. Y que cualquiera en España pueda acceder en su propio país a la posición que sea solo por los méritos requeridos de ese particular oficio; no por si participa de las particularidades de la tribu como es el idioma. Eso es muy difícil de construir.

 

Ada Colau me dijo que no era independentista.

 

No es nada. En el momento en el que hubo el atentado en las Ramblas te puedo decir que tanto Colau como Puigdemont estaban desbordados. ¿Qué sabían de gestionar un atentado? Y de pronto tenían que tomar decisiones de adultos y afrontar la idea de que había muertos. Los que viven en esa perpetua adolescencia creen que todo les sale gratis. El día de los atentados, Rajoy debería haber asumido el relato porque estábamos en medio de un ataque terrorista. Pero el Estado estaba acomplejado y la manifestación acabó en manos de la Asamblea Nacional Catalana.

 

Se habla de la sentencia del Constitucional respecto al Estatut como el origen de todo.

 

Eso es mentira también. Nadie quería el Estatut. El mismo mes en el que el PSOE empezó a hablar de ello, se había publicado una encuesta en la que se decía que Cataluña era la comunidad más satisfecha con su autonomía… ¡Qué pena tener que estar recordando esta basura de datos! Ahora podríamos estar hablando de poesía…

 

Autor:Emilia Landaluce

Fuente: https://amp.elmundo.es/opinion/2017/09/30/59ce85e9268e3ed6108b468e.html