24 Oct 17

Mugre

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La única diferencia que veo es que alguna vez pudo haber comunistas de buena fe, mientras que un nazi de buena fe es inimaginable

Un mes después de asumir la presidencia del Consejo de la Unión Europea con el lema “Unidad y equilibrio”, Estonia convocó para el 23 de agosto una jornada en memoria de las víctimas de los totalitarismos europeos, es decir, el estalinismo y el nazismo. Es evidente que los estonios algo saben del asunto, porque los han padecido a ambos. Lo que no sé es por qué al comunismo lo llaman “estalinismo”, como si antes de Stalin y después no hubiera sido también totalitario. Como si, ya puestos, no lo siguiera siendo hoy, cuando de Stalin ya no se acuerda casi nadie… al menos fuera de los países que sufrieron su caricia de acero. Esta jornada no parecía una efeméride demasiado comprometida, pero sin embargo no logró ni mucho menos un apoyo unánime. El griego Tsipras, Podemos, Izquierda Unida, EH Bildu y algún otro grupo parecido se desmarcaron de la celebración proclamando que “equiparar nazismo y comunismo supone un error histórico”. Cosas del parentesco. No sé exactamente qué error hay. Si es el número de asesinados por cada equipo siniestro, dentro de Europa el balance está bastante equilibrado pero China y los jemeres rojos desbordan a sus rivales. La única diferencia que veo es que alguna vez pudo haber comunistas de buena fe, mientras que un nazi de buena fe es inimaginable. Pero eso a las víctimas de unos y otros les ayuda poco.

Lo que cuenta es que el comunismo y el nazismo son la mugre política que la UE trató de erradicar. Pero ahí siguen. Marina Albiol, eurodiputada por Izquierda Plural, ha calificado hace unos días a la UE en un tuit de “institución criminal al servicio de los poderosos”. Y eso repantingada en su escaño de Estrasburgo. Ella sí que es un error histórico…

Autor: Fernando Savater
Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/10/19/opinion/1508429102_287096.html?id_externo_rsoc=TW_CC

10 Oct 17

Con una ley electoral justa, el parlamento catalán hoy tendría una mayoría distinta.

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En las últimas elecciones, la suma de voto de JxSí y CUP era de un 47% y, sin embargo, el reparto según la ley electoral general les otorgó un 53% de escaños y mayoría absoluta en el Parlamento catalán.

Situaciones como ésta podrían quedar resueltas con las propuestas que presentará la Plataforma por un voto igual este martes por la mañana en el Congreso de los Diputados a distintos vocales de la subcomisión por la reforma de la ley electoral, dentro de la ronda de contactos que tienen preparada dicha plataforma.

Estas propuestas están plasmadas en un documento firmado por Escaños en Blanco, SAIn, UPyD, Partido Pirata, P-LIB y la Plataforma Ahora, que incluye un novedoso sistema de reparto para conseguir un reparto proporcional de escaños sin necesidad de cambiar la Constitución. Lo hace teniendo en cuenta todos los votos emitidos, incluso aunque dichos votos no consigan escaño. Además, en el Senado plantea limitar a dos los candidatos que puede presentar cada partido para evitar las falsas mayorías absolutas que se producen actualmente en la “Cámara Alta”.

Según el sistema “Reparto justo” propuesto por Plataforma por un voto igual, a JxSí y CUP les habría correspondido un 49,6% de los escaños del Parlamento, un reparto mucho más ajustado al reparto de votos y por lo tanto a la voluntad real de los votantes catalanes y sin mayoría suficiente para aprobar la ley del referéndum.

Otro ejemplo serían las elecciones generales de 2011, en las que el PP obtuvo un 44% de voto y el reparto de la LOREG le asignó un 53% de escaños.

Otras de las propuestas presentadas son la eliminación de la exigencia de firmas a las candidaturas para acceder a las elecciones, envío de un único sobre al censo de publicidad electoral, eliminación del voto rogado, eliminación total de la barrera electoral del 3% y la representación del voto en blanco con escaños vacíos.

Conseguir una ley electoral más justa y realmente proporcional, evitaría parte del creciente desprestigio de la política y el distanciamiento de la ciudadanía, profundizaría en una mayor democracia y evitaría falsas mayorías como ocurre actualmente.

 

La plataforma Ahora se suma a la petición de Reforma de la ley electoral, Partido por un voto igual y firma la petición de reforma de Ley electoral

Contacto: comunicacion@reformaleyelectoral.org

twitter: @reformaLOREG

10 Sep 17

Ovejero, Agenjo, R. Mora, Domingo, y Maneiro presentarán ‘Ahora’ en BCN el 16-S

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Fuente: http://www.elcatalan.es/ovejero-agenjo-r-mora-domingo-y-maneiro-presentaran-ahora-en-bcn-el-16-s/

El sábado 16 de setiembre, a las 12 horas, se celebrará el acto de presentación de la Plataforma Ahora en Barcelona. El marco escogido es el Centro Cívico Parc Sandaru, ubicado en la calle Buenaventura Muñoz, 21 de Barcelona. El evento, según afirma esta entidad, “servirá para presentar nuestra iniciativa ciudadana en Cataluña y defender la necesidad de conformar una alternativa socialdemócrata y una izquierda cívica, universalista e igualitaria, es decir, progresista, que sea alternativa a los corruptos y a los recortadores sociales pero también a los independentistas que pretenden romper España”.

“Una opción progresista, laica, regeneradora y europeísta que ayude a impulsar los cambios que España necesita. El momento histórico exige estar a la altura de las circunstancias y defender nuestros derechos de ciudadanía frente a quienes pretenden vulnerarlos. Te animamos a tomar partido”. Los ponentes en el acto de presentacíon serán Félix Ovejero – Dolores Agenjo – Sevi Rodríguez Mora – Pepe Domingo – Guillermo Del Valle – Josep Lago – Gorka Maneiro.

 

 

15 May 17

¿Hacia dónde va la Izquierda Española?

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Podemos parece enfrentarse en su próxima cita de Vistalegre a su mayoría de edad política, esa en la que una vez llegados a las instituciones deberán resolver sus contradicciones y deseos entre el ser y querer, entre la reivindicación sin resultados o la puesta en valor del poder político como elemento de transformación de la realidad. Y es aquí, donde surgen las grietas de un proyecto político cuya argamasa ha sido hasta ahora más la suma de los deseos de las minorías individuales de las izquierdas que la construcción de un partido con una visión y misión única y clara. No por menos, es en la independencia y la autonomía de sus estructuras internas lo que ha venido a producir llegados a este punto las diferentes visiones que pugnan hoy en el seno del partido morado para definir la forma de llegar al objetivo final de la toma del poder. Visiones diversas esas que han chocado en una batalla orgánica y política en donde las tres vías de Podemos han surgido con fuerza para clamar por el que consideran el camino correcto que esta joven organización debe transitar para llegar a la conquista primero del espacio de la izquierda y posteriormente del poder institucional como partido mayoritario. Y todo ello, en un país, España, en donde hasta ahora los radicalismos han tenido escaso recorrido en el subconsciente colectivo más cercano a dar su apoyo a la centralidad y la utilidad de los partidos políticos que a sueños de conquistas de cielos prometidos por líderes mesiánicos. Queda por ver así como se resolverá la encrucijada morada en la que Iñigo Errejón y Pablo Iglesias medirán sus fuerzas en base a dos propuestas diametralmente diferentes sobre la estrategia ha recorrer por la joven organización política nacida al abrigo del movimiento 15M ,el primero apostando por los acuerdos con otras fuerzas políticas y alianzas que desde la izquierda hagan posible que la utilidad de las instituciones se ponga al servicio de la ciudadanía, el segundo aferrado a la beligerancia de la lucha de clases que en un entorno de crisis busca seguir reforzando su poder político para liquidar a un PSOE en reseteo y apartar a un PP que sigue destruyendo hoy la sociedad del bienestar construida desde el advenimiento de la democracia.

Visiones diferentes en definitiva que determinaran no sólo el futuro de PODEMOS sino de igual forma el de la escena política de un país en donde la fragmentación y la crisis de la izquierda parece haber alcanzado a todo el espectro de partidos progresistas (PSOE, IU y PODEMOS) para la tranquilidad de una derecha que acomodada en la actual ley electoral ve lejano aún su desalojo de la Moncloa.

Y es que, los próximos seis meses determinara el futuro también del todavía primer partido de la oposición, de un PSOE que en una constante de autodestrucción y cainismo herencia del fatídico comité federal de Octubre y de las primarias que llevaron a Pedro Sánchez a la secretaria general de Ferraz ve como la radicalización de las posturas entre la militancia y la erosión de sus liderazgos puede determinar la fragmentación de un partido centenario y aún demasiado útil para una España que no puede permitirse la caída en desgracia y la división de una fuerza política que representa un pilar de la democracia actual.

En definitiva, sendas paralelas la de una izquierda en reciclaje y reinicio en donde el mayor riesgo para el PSOE pasa por la conjugación de un doble escenario , por un lado aquel en el que Iñigo Errejon asumiera el papel central de un PODEMOS en moderación y pegado a la socialdemocracia transformadora y por otro la no superación del actual conflicto interno en unas primarias y un congreso federal ordinario en el que el socialismo se la juega a cara o cruz en el acierto el fallo sobre el nuevo liderazgo que asuma el papel de la reconstrucción de un PSOE que hoy sufre un desgaste absoluto en ámbito interno y externo.

Veremos donde sitúan los acontecimientos a una izquierda española en la que no parecería descabellado observar como la teoría hegeliana de tesis, antítesis y síntesis podría llegar a tomar forma en un nuevo partido de izquierda que superando el escenario de PODEMOS y la fractura del PSOE viniese a aunar a parte de uno y otro en un nuevo proyecto. De ello dependerá en gran medida el acierto o desacierto de quienes hoy con su actitud y aptitud tienen en sus manos el futuro del PSOE como principal partido de la izquierda de nuestro país y de PODEMOS como partido nacido al abrigo del 15M que hoy debe de decidir que quiere hacer con su presente y su futuro .

Josu Gómez Barrutia

FUENTE: http://diario16.com/hacia-donde-va-la-izquierda-espanola/

10 May 17

2017, el año de los huérfanos políticos de la izquierda

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En política también hay personas necesitadas de afecto, y cada vez son más en España. Son los huérfanos de la política, los que están a la espera de que aparezca un padre referente, de poder afiliarse o votar con emoción y razón, de no tener que taparse la nariz

 

Charles Dickens es el novelista de los desvalidos, de los niños huérfanos. En su universo literario los personajes son gente de clase media que trabaja y transcurre por lo cotidiano. Son relativamente felices con su familia y su trabajo. Sin embargo, Dickens siente predilección por los pobres, los ignorados. De ahí que los huérfanos sean los protagonistas del paradigma dickensiano, y los ricos, los aristócratas, sean los antagonistas. Dickens es el escritor de la gente necesitada de afecto.

En política también hay personas necesitadas de afecto, y cada vez son más en España. Son hombres y mujeres que se consideran de izquierdas pero han sido capaces de votar, no sólo al PSOE, sino también a Podemos, a Izquierda Unida o a Ciudadanos. Los que sienten que tienen ideología pero en su voto actúan con la emoción. El PSOE ya no es su partido y ahora ya no volverían a votar a Ciudadanos. Podemos, en ausencia de emoción electoral, ya no les convence. Es más, les resulta una apuesta arriesgada porque, sin grandes puestas en escena, a Podemos lo ven como un partido ineficaz. Para estos votantes las soluciones son la clave.

Todo ese grupo de votantes son los ignorados de la política, los pobres políticos, y no hay ningún partido para los necesitados de afecto. Ellos son los huérfanos de la política. Están a la espera del milagro, de que aparezca un padre referente, de poder afiliarse o votar con emoción y razón, de no tener que taparse la nariz. Son carne de abstención si no se produce el milagro.

Los huérfanos políticos son solidarios y activos socialmente. Están formados y tienen trabajo. Aspiran a triunfar en lo económico, son consumistas sin prejuicios, pero les mueven las causas sociales, incluso las buscan y escogen participar. Prefieren hablar de política a despreciarla y no se van a radicalizar, con lo cual los populismos no son su oferta electoral.

Su voto no es ideológico sino más bien aspiracional. Los huérfanos alguna vez se sintieron partícipes de un proyecto político y muchos de estos ignorados incluso estuvieron afiliados o se presentaron a elecciones. Por eso, para esos votantes los programas y los debates son importantes. Les influyen las campañas y los liderazgos.

El PSOE ya no es su partido porque no lo consideran lo suficientemente de izquierdas y porque no reconocen la existencia de un líder. Ciudadanos era una buena opción para los menos ideologizados, de hecho, era la mejor opción por ser un partido liberal en lo económico y socialdemócrata en lo social. Ahora lo perciben como socio de la derecha, bien es cierto que a fuerza de campañas de los rivales para minar su espacio. Y Podemos no acaba de demostrar una identidad suficiente y firme, sus propuestas no encajan con los huérfanos que, seguramente, escogerían a Íñigo Errejón. El PP, hoy, no es una opción para los huérfanos porque nunca lo ha sido.

En 2017 pueden pasar cosas importantes a partir de los congresos de febrero en el PP, Ciudadanos y Podemos. Pero el PSOE no acaba de comprender que necesitan ya un candidato o candidata que se posicione en el liderazgo de la izquierda y lo que hacen es retrasar el momento de la contienda interna. El tiempo es valioso y no es aliado ni siquiera de Susana Díaz. Entretanto, los huérfanos políticos empiezan a pensar que los partidos, como estructura piramidal, en su sectarismo, en su empeño en mirar hacia adentro, en la imposición de los intereses personales sobre los proyectos colectivos, ya no sirven. La nueva política se anunciaba, pero no llegó.

¿Y por qué no un partido que se adapte a lo que demanda este grupo de huérfanos de la izquierda? No necesariamente tiene que ser un partido nuevo, podrían ser los partidos existentes los que cambiasen su orientación hacia el elector, si es que su objetivo es ser la oferta adecuada a la demanda. Esta visión mercantilista de la política no goza de muchos adeptos, pero eso sería un triunfo de la política porque cambiaría el foco y lo pondría en los ciudadanos, los auténticos beneficiarios. La orientación al cliente, eso que la empresa ya supo hacer, es el reto que tiene la política. Considerar al ciudadano (votante/consumidor) como el auténtico objetivo de cada acción política (programa/producto) y no sólo para obtener la aprobación cada cuatro años (voto/venta), sino para fidelizar al votante mediante la firme convicción de que el partido entiende sus necesidades y responde con soluciones a ellas (afiliado/cliente). Esa sería la misión de la demoscopia: localizar esas necesidades y darles la información a los partidos, para que estos generasen el producto más idóneo.

Los huérfanos políticos son un nicho de mercado sin satisfacer, los ignorados, los necesitados de afecto y de producto al que serle fiel. El Dickens de la política debería escribir sobre ellos.

Imma Aguilar Nàcher

FUENTE: http://www.eldiario.es/zonacritica/ano-huerfanos-politicos-izquierda_6_597450256.html

6 May 17

¿Y cómo democratizamos las organizaciones políticas?

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Una de las principales preocupaciones que surgieron en una de mis recientes reuniones en Madrid es la de la participación de los afiliados en la toma de decisiones y la democratización interna plena de las organizaciones o partidos políticos. Sin duda, es una de las cuestiones esenciales que no podrá obviar nadie que quiera poner en marcha cualquier tipo de proyecto político. Es obvio que el objetivo de cualquier grupo de personas no puede ser conformar una estructura plenamente democrática al margen de las ideas que se defiendan… pero sí que cualquier estructura que se ponga en marcha para defender unas determinadas ideas que se compartan… deberá ser plenamente democrática y garantizar la participación de cada uno de sus miembros.

Hoy día, tanto en los partidos viejos como en los nuevos, y es algo que lo hemos fehacientemente comprobado tanto en sus procesos internos como en sus actos, actuaciones, asambleas o congresos, prima el miedo de sus élites directivas a la militancia, consecuencia de lo cual deciden limitar o poner frenos a su libertad de expresión y su participación en la toma de decisiones. Por mucho que los líderes mediáticos que nos sermonean casi siempre disimulen e incluso tengan la desfachatez de sacar pecho, predominan la persecución del discrepante, las listas negras, los tejemanejes, el tráfico de influencias, las purgas, las primarias trucadas y los pactos bajo manga, cuando no las trampas o las votaciones telemáticas más que dudosas. Si pueden, y casi siempre pueden, los aparatos de los partidos políticos, salvo honrosas excepciones, se cuidarán muy mucho de garantizar una auténtica participación de la militancia. De hecho, limitarán o impedirán la democracia interna para impedir que limiten su propio poder en la toma de todas las decisiones, poder que les garantizará mantener su cargo orgánico y acceder después a posibles cargos públicos. Como consecuencia de ello, las decisiones de las élites de los partidos políticos raramente buscarán defender los intereses reales de los ciudadanos sino, más bien, sus propios intereses partidarios o incluso personales que les permitan mantener sus cuotas de poder, sus privilegios y sus prebendas. Y todo esto lo escribo sin olvidar que la mayor parte de las personas que se dedican a la actividad política son personas honradas interesadas en la resolución de los problemas que nos afectan.

Para superar esta actitud en ocasiones incluso despótica de los aparatos de los partidos que perjudica gravemente a la sociedad en su conjunto, hay un ingrediente esencial que debe además cuidarse todos los días del año: la voluntad política de, efectivamente, querer garantizar la democracia interna y la participación de los afiliados (¡y creer de verdad en ello!), asumiendo que el proyecto no es del aparato que en ese momento ordena y manda sino de todos los militantes; y también, por cierto, de la sociedad en su conjunto. No hablo de estructuras totalmente horizontales ni de anarquía o que todo se consulte para evitar asumir la responsabilidad del cargo sino de, sobre todo, no tener miedo al debate interno de todas las ideas y de permitir la participación más amplia posible. Más allá de que sea problemática (un lío, como suele decirse), a largo plazo la democracia interna será buena para todos y, en el ínterin, un ejercicio sano de buena política que dejará una huella indeleble en todos aquellos que la ejerzan y en quienes permitan ejercerla. Tal cosa permitiría tener unas organizaciones y unos partidos políticos más democráticos, más sanos, más abiertos y más cercanos a los ciudadanos, donde el debate de ideas y la contraposición argumentada de las distintas posiciones políticas u orgánicas redundaría en su propio beneficio. Y todo ello, no tengo la menor duda, beneficiaría a la sociedad en su conjunto.

Así que ésta es otra de las cuestiones que cualquiera que pretenda mejorar la democracia a través de su participación política deberá tener presente. Sin duda, otra cuestión esencial que muchos vamos a tener en cuenta.

Gorka Maneiro

FUENTE:http://diario16.com/y-como-democratizamos-las-organizacion-politicas/

30 Abr 17

¿Qué es el populismo?

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Según el populismo (primer teorema), el pueblo sabe lo que quiere. Y, cuando quiere algo (segundo teorema), siempre tiene razón. Falta (postulado) que realmente sea él quien lo quiere. Falta también (corolario) que nada obstaculice esa legítima pretensión.

En otros términos, el populismo dice al mismo tiempo: confianza ilimitada en los recursos y en la capacidad del pueblo, y desconfianza hacia todo aquello que podría interpretar, desvirtuar, diferir la justa expresión de ese pueblo que, librado a sí mismo, libre de obstáculos, tiene buen criterio por naturaleza.

¿Interpretar? Los intelectuales, las élites. Y por eso el populismo es siempre un antintelectualismo, una reacción contra las élites.

¿Desvirtuar? La maledicencia. La hipocresía política. Y por eso, de Tsipras a Le Pen, de Trump a Mélenchon, el populismo siempre recurre al lenguaje vivo contra el lenguaje vacío, al lenguaje crudo, truculento, contra la lengua supuestamente muerta, constreñida por los tabúes, de lo políticamente correcto.

¿Diferir? Las leyes. El derecho. Las instituciones. La razón en el puesto de mando. La política. Todos esos ornamentos, esos suplementos redundantes e inútiles, esas formas vacías, cuyo único efecto será siempre, dicen y repiten los populistas, ahondar un poco más en la diferencia, un filósofo del siglo XX habría dicho la différance o, simplemente, la distancia entre el pueblo y sí mismo, entre su sana y santa voluntad y su expresión desvirtuada.

Hay políticos buenos y malos, dicen.

Están los que actúan de común acuerdo con el mundo del vacío y los que han sabido desvincularse de él.

Y lo propio de quien ha sabido hacer tal cosa es haber conjurado esa enfermedad que lo distancia del cuerpo social; es estar en contacto directo con los rencores, y también las esperanzas, de lo que los romanos llamaban, no el populus, sino la turba; es estar en contacto directo, también, con las fluctuaciones de esa turba tal y como se expresan, día tras día, a través de la enfermedad de los sondeos.

Ah, los sondeos…

Cuando aparecieron los sondeos, algunos dijeron: un instrumento más en manos de los poderosos que van a escudriñarnos, a evaluarnos, a manipularnos.

Pero los más lúcidos —¿y por desgracia, los populistas estaban entre ellos?— respondieron: al contrario, es la opinión pública la que triunfa; ella la que, en adelante, llevará la voz cantante; ¿qué Gobierno podría ignorarla?, ¿cómo no tener en cuenta una voluntad popular tan sabia, constante e incesantemente medida?

Y he aquí que los roles se invierten: la Opinión arrogante, el Príncipe humillado; la Opinión en los graderíos, el Príncipe en el estadio; el Pueblo rey, pues es él quien presiona, acosa y atemoriza al Príncipe, y el Príncipe recientemente rebajado.

Otro filósofo de la misma época, Michel Foucault, describió los mecanismos del poder tomando como modelo el panóptico de Bentham, ese centro invisible a partir del cual un amo, ausente, escudriña el cuerpo social: nadie lo ve, pero él ve a todo el mundo; es estructuralmente invisible, pero esa misma invisibilidad hace visible a la sociedad; y es esta visibilidad la que, al final, nos hace tan totalmente controlables.

El populismo ha dado la vuelta al dispositivo: pueblo invisible, poder visible; un pueblo que se escabulle, un poder conminado a mostrarse; ya nadie ve al pueblo, pero él ve todo el tiempo a sus amos (en los periódicos, en Twitter y en Facebook, en los programas de la señora Le Marchand, en los falsos debates, ajenos a toda voluntad de veracidad, que se organizan en nuestros días); de forma que, si el secreto del poder está en la mirada, el populismo es una de las fórmulas más elaboradas del poder en la Edad Moderna.

¡Ah, si pudiéramos reemplazar de una vez las elecciones por los sondeos!, piensa el populista.

Si pudiéramos transformar la república en concurso televisivo; las elecciones, en plebiscito; la audiencia, en audímetro; si pudiéramos terminar con el pueblo y coronar al “gran animal” de Platón o a esa plebe que, según los sofistas, debía reemplazar al demos.

¿La plebe? El verdadero pueblo.

¿El audímetro? ¿El plebiscito? Modos de una única sustancia: la sociedad concebida como un cuerpo pleno, deslumbrado por el espectáculo de su propia presencia.

Hay una psicología del populismo: el narcisismo de los individuos, ebrios de sí mismos y de su suficiencia.

Una fisiología: ese no sé qué abotargado, autosatisfecho, ahíto que encontramos en todos los Trump, Berlusconi y Le Pen varios (padre e hija).

Una metafísica: la idea de una voluntad general causa sui, anterior a toda palabra y, más aún, a todo contrato, una voluntad natural, soberana y naturalmente buena con la que volver a conectar a poco que se sepa eliminar los filtros y mediaciones que la oscurecen.

El populista será inevitablemente nacionalista: ¿el nacionalismo no es el camino más corto para ir hacia una comunidad libre de todo filtro o mediación?

El populista será implacable a la hora de fabricar alteridad y de generar enemigos: pues, si no, ¿cuál sería el medio de imaginar esa presencia en sí? Si no se dota de una exterioridad masiva y obsesivamente denunciada, ¿cuál sería el medio para reunir su propio cuerpo en una identidad recuperada?

El populismo es una propedéutica del odio, de la exclusión y, en definitiva, del racismo: véase el discurso antinmigrantes de Hungría a Estados Unidos, de Polonia a Rusia.

¿El populismo? La enfermedad senil de las democracias.

Decimos “populismo”. Y es el nombre, finalmente único, de la reacción de las democracias al pánico que les gana y a la desbandada que las amenaza.

Sálvese quien pueda: la última palabra de los populistas.

Bernard-Henri Lévy es filósofo.

FUENTE: http://elpais.com/elpais/2016/12/01/opinion/1480600428_619998.html