Conceptos políticos
de la Plataforma
Ahora

SOCIALDEMOCRACIA o SOCIALISMO DEMOCRÁTICO :

Desde un punto de vista social y económico, nosotros propugnamos la compatibilidad de una economía de mercado con los controles públicos fijados por el Estado para evitar las injusticias y atropellos que se pueden producir en un sistema desregulado o mal regulado. Como hemos comprobado en los últimos tiempos, la doctrina desregulacionista que subyacía tras los postulados de no intervención pública en la economía ha sido una de las principales causantes de una grave crisis económica que ha agravado drásticamente las desigualdades sociales.
La plasmación práctica de la socialdemocracia, o del propio socialismo democrático del cual le separan diferencias de matiz, es el Estado del Bienestar. El mismo se sustenta en una serie de servicios sociales públicos, como la educación, la sanidad, la dependencia y otras políticas sociales, un sistema de reparto -público- de pensiones, etc. que se financian a través de unos impuestos justos y progresivos, que han de gravar especialmente las rentas del capital y focalizar la presión fiscal en los que más tienen y que por tanto más han de contribuir con los más débiles de la sociedad. Como acertadamente apuntó el magistrado norteamericano, Oliver Wendell Holmes (Jr.), “los impuestos son el precio de la civilización”.

En relación a la actual política económica de la Unión Europea, nuestra decidida apuesta por la alternativa socialdemócrata se traduciría en el freno a las medidas de austeridad indiscriminada que no sólo se han revelado como incapaces de reactivar la economía, sino que al tiempo han incrementado los recortes sociales y el progresivo desmantelamiento del Estado social. Es compatible combinar medidas de racionalización del gasto público (superfluo), con una defensa contundente de los servicios públicos, así como la combinación de todo ello con políticas de crecimiento y reactivación de la economía que nunca pierdan de vista la necesidad de conjugar eficiencia y equidad.
En palabras de Tony Judt, “la socialdemocracia es la única apuesta adecuada porque la desigualdad es hoy el problema capital” .

LIBERALISMO POLÍTICO:

En términos políticos, la socialdemocracia y el propio socialismo democrático incorporan las conquistas políticas del liberalismo, y profundizan en las grandes reformas democratizadoras. Así, la Plataforma Ahora defiende de manera entusiasta el principio liberal de limitación del poder y rendición de cuentas de los servidores públicos, la separación clara de los tres poderes del Estado y la correlativa descentralización funcional del poder político. Se trataría de evitar la concentración de todo el poder en unas pocas manos, y para ello articular un sistemas de pesos y contrapesos que evite el ejercicio arbitrario y despótico de la función pública. Creemos, así mismo, en la democracia representativa, con todas sus limitaciones e insuficiencias, y contemplamos con escepticismo los infantiles intentos de impugnarla sin articular sistema alternativo alguno. La regeneración democrática profunda de todas las instituciones del Estado tiene, a nuestro parecer, un carácter mucho más transformador que las grandes alharacas populistas que, a la hora de la verdad, sólo sirven como balón de oxígeno para las fuerzas más involucionistas del sistema.
A las aportaciones del liberalismo político, el socialismo democrático ha aportado un gran componente de profundización y expansión democrática. En todos los grandes movimientos de transformación y extensión de los derechos civiles y democráticos – v.g., sufragio universal, derecho de voto de la mujer y de las minorías étnicas – el socialismo democrático ha ejercido un papel clave. En palabras de Félix Ovejero, “la izquierda es, muy básicamente, radicalidad democrática”. De ahí, nuestra decidida apuesta con fundir liberalismo político y socialismo democrático, en un posicionamiento decididamente socialdemócrata.

REPUBLICANISMO CÍVICO:

Las aportaciones del liberalismo político han sufrido una evolución ulterior algo inquietante. Desde una óptica excesivamente economicista y tristemente individualista, algunas corrientes de pensamiento han tratado de reformular el liberalismo como una doctrina exclusivamente económica, tendente a preservar y sacralizar la abstención de los poderes públicos en toda interacción privada. Frente a la concepción negativa de libertad que acuñó Isaiah Berlin, entendida como “ausencia de interferencias” del Estado en la esfera privada, el republicanismo cívico ha formulado una acepción divergente a la anterior, que a nuestro juicio resulta mucho más completa, justa e inclusiva: la libertad concebida como “no discriminación”. En esta línea, para que la libertad no se convierta en una mera máscara nominal vaciada de contenido, ésta tiene que guardar una relación estrecha y correlativa con la igualdad. Sin un verdadero equilibrio social, y sin una corrección activa por parte del Estado de las desigualdades de origen de los ciudadanos, la libertad será papel mojado.

La herencia ilustrada que entendemos más relevante es el ideal de ciudadanía, base de la comunidad política moderna y democrática. La ciudadanía democrática viene conformada por las leyes que todos nos hemos dado y que a todos nos hacen escrupulosamente iguales. Somos ciudadanos de un Estado de derecho en virtud a esas leyes comunes y democráticamente otorgadas, y no merced a ningún nexo identitario, sea éste étnico, lingüístico o religioso. Una vez definida y perfilada nuestra ciudadanía, plasmada en la igualdad de derechos y obligaciones de todos los ciudadanos, cada uno es libre de desarrollar la identidad o identidades que desee, sin ningún tipo de predeterminación ni imposición. La defensa de una sociedad plural y abierta de ciudadanos libres e iguales es unos de los postulados que con más denuedo defiende la Plataforma Ahora.

EUROPEÍSMO:

La única democracia posible desde la que afrontar los retos políticos del siglo XXI es Europa. Sin lugar a ninguna duda, desde la Plataforma Ahora abogamos por una plena integración europea que habrá de superar los nacionalismos de Estado y los ensimismamientos territoriales que, al calor de la crisis económica y política que enfrentamos, amenazan con fuerzas renovadas. Necesitamos caminar hacia una Europa verdaderamente armonizada fiscalmente – alejada de deslocalizaciones, paraísos fiscales y de una competencia descarnada- y plenamente integrada desde un punto de vista social y político. Defendemos una Europa federal e igualitaria, que sea capaz de conjurar los riesgos de fragmentación y desigualdad que siguen patentes. No podemos permitirnos recorrer la senda de la Europa a dos velocidades, que ahonde en la ya inaceptable brecha norte – sur. La Europa en la que creemos es una Europa más democrática y transparente, una verdadera Europa de ciudadanos y ciudadanía. Hasta los más bienintencionados, ante el recrudecimiento de las inquietantes amenazas populista y nacionalista, han proclamado la necesidad de articular una determinada identidad europea. Sin embargo, la solución es otra bien distinta. La Europa que necesitamos es una Europa democrática, sustentada en leyes comunes que nos igualen a todos por encima de nuestras identidades personales; una Europa, en fin, cimentada sobre la ausencia de identidades obligatorias, y que reubique en el centro de sus preocupaciones la lucha por la igualdad.

LAICISMO :

Nuestra desacomplejada defensa del laicismo no puede ni debe traducirse en términos de postura antirreligiosa. Todo lo contrario: el laicismo permite la pacífica convivencia de unas religiones con otras, configurando las creencias privadas como derechos de quienes las profesan y no como deberes frentes a los demás. Así, el laicismo, traducido en un marco institucional secular basado en leyes discutibles y revocables (por los procedimientos democráticamente previstos), iguales para el conjunto de ciudadanos, protege a unas religiones respecto a otras, y, en general, a todos los ciudadanos más allá de su opción privada de profesar alguna religión o ninguna. El laicismo constituye la verdadera base de la libertad de conciencia.

Uno de los corolarios imprescindibles del Estado laico que defendemos desde Plataforma Ahora es una educación pública plenamente laica. En palabras de Fernando Savater, “en la escuela pública sólo puede resultar aceptable como enseñanza lo verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente contrastada en el momento actual) y lo civilmente establecido como válido para todos (los derechos fundamentales de la persona constitucionalmente protegidos), no las obligaciones morales fundadas en algún credo particular. La formación catequística de los ciudadanos no tiene por qué ser obligación de ningún Estado laico, aunque naturalmente debe respetarse el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su doctrina a quienes lo deseen. Eso sí, fuera del horario escolar. “

Nosotros reclamamos un Estado laico en todas sus vertientes, también en materia identitaria. Tan peligroso como la injerencia religiosa en la esfera de lo público, resulta el sectarismo identitario propio de etnicismos y nacionalismos varios que quieren contaminar y someter los derechos de ciudadanía a algún tipo de determinismo segregacionista. No es aceptable que la religión, la etnia, la cultura, la pretendida identidad o la cosmovisión nacionalista determinen el acceso a los derechos y las leyes que nos igualan a todos. El laicismo, tanto religioso como identitario, se configura así como elemento consustancial a las democracias modernas y avanzadas puesto que protege la libertad de todos los ciudadanos, más allá de sus creencias u opciones personales, preservando que, en la esfera pública, todos sean titulares de iguales derechos y obligaciones.